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¿El pluralismo indígena obstaculiza la modernidad del país?

Platea Internacional

Guillermo Puente Ordorica


En este segundo artículo dedicado a la memoria del maestro Carlos Montemayor me seguiré refiriendo a la importancia de las culturas indígenas en el México actual. Probablemente no existan dos conceptos más opuestos que tradición y cambio, sobre todo asociados a las culturas indígenas y la modernidad. Ya desde el siglo XIX los liberales mexicanos veían en la condición indígena el síntoma más claro de atraso y rezago del país, y dedicaron su vigor a intentar transformar su perenne sumisión. Entre otros factores indentificaban que su sentido de pertenencia a la comunidad, su subordinación a la Iglesia y a la religión, daban forma a un entramado social y cultural que obstaculizaba la modernización del país.

La diversidad étnica era un obstáculo al forjamiento de la nación y del Estado mexicanos. Un añejo debate se entabló desde entonces sobre tradición y cambio, vinculado estrechamente a esta disyuntiva del pluralismo cultural del país, el cual irrumpió con nuevos bríos hacia mediados de la década de los años noventa del siglo pasado en el movimiento neozapatista, que constituye el ejemplo más reciente de estas contradicciones. Desde ese emblemático 1994, que a la vez de la entrada de México al Tratado de Libre Comercio vio surgir a la la luz pública a Marcos y el llamado Ejército Zapatista de Liberación Nacional, han transcurrido dieciséis años. En 2001 pudimos atestiguar la marcha zapatista, que con buena dosis de ironía en la prensa fue llamada el “Zapatour”.

El problema y a la vez el enorme reto, es que la situación real de los indígenas sigue definiéndose por su marginación, su rechazo y miseria. Es cierto que los paradigmas han cambiado de manera importante en esta fase de la modernidad globalizante del mundo contemporáneo, en el que es posible comprar, por citar un ejemplo sencillo pero revelador de una nueva realidad, un disco de música tradicional mexicana en una cafetería Starbucks de Nueva York mientras se bebe un café de granos colombianos. Las expresiones culturales indígenas y mestizas son también una mercancía rentable e interesante. Eso no es negativo per se pero sigue sin resolver la cuestión de fondo.

En esencia la tradición indígena tiene su apego, pero sobre todo su razón de ser, en la pertenencia a la tierra. Ningún individuo moderno, de clase urbana, se plantea que su propia condición pueda estar definida a esa pertenencia. A los ojos modernos tal situación no es otra cosa que una forma de inmovilidad social. A ello hay que agregar la miseria en la que se desarrollan las culturas indígenas y su analfabetismo (entendido esto exclusivamente en términos de educación formal, ya que no debe perderse de vista que son heredores y portadores de formas milenarias de entender la vida y hacer las cosas), así como la marginación en la que persisten sus espacios sociales y culturales, en relación con los ámbitos en los que se establecen las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales dominantes de la modernidad urbana y global.

En un bello pasaje en el que describía al movimiento social y campesino de inicios del siglo XX, que encabezó Emiliano Zapata, Octavio Paz señalaba que se trataba de una revuelta, entendida como un regreso a los orígenes, de recuperación de la tierra, a contracorriente de la revolución y del cambio. En ello radicaba su esencia y su vigor, la cual luego sería derrotada e ideológicamente expropiada y desfigurada por los vencedores y el ejido concebido en términos predominantemente burocráticos. Para Paz, el lema de Tierra y Libertad de los zapatistas entrañaba la importancia del ejido como un espacio social y cultural para vivir mejor, para vivir de una manera diferente, más justa, armoniosa y libre que la actual. En ese sentido, sostuvo Paz que si bien como sistema de producción el ejido es inferior a la agricultura capitalista, su importancia no reside en su capacidad de producir más sino en lo que representa. En esa medida, “Zapata está más allá de la controversia entre los liberales y los conservadores, los marxistas y los neocapitalistas: Zapata está antes y estará después”.

En esta época de modernización y globalización profunda, al menos desde una perspectiva sociológica, es sin duda necesario dadas las contradicciones propias de este fenómeno abarcador, ajustar el Estado a la nación, en la que subyace una diversidad cultural fundamental, en la que conviven varios tiempos y pluralidades del país. La Constitución atribuye a las culturas indígenas la condición pluricultural de la nación mexicana y les otorga una serie de derechos. Empero, como en muchas otras disposiciones constitucionales, se trata de letra muerta –paradojas aparte de que estas normas en favor de las comunidades indígenas se encuentran incorporadas en el Capítulo primero sobre garantías individuales.

Al mismo tiempo, esta situación subraya la necesidad de reimaginar la manera en que la nación mexicana, como comunidad imaginaria, siguiendo los términos de un autor que ya ha sido citado en esta columna en otras ocasiones, está cimentada para hacer de ella un espacio equitativo y justo para todos sus habitantes, individual y colectivamente. Requiere este esfuerzo imaginario asimismo, construir una democracia con varios adjetivos para que sea una democracia genuina y tenga la credibilidad y la confianza de los mexicanos, como por ejemplo: la alternancia en el poder como producto de procesos políticos civilizados y no de nocivos juegos de grupos poderosos, la reconciliación de los actores nacionales, la apertura de los medios de comunicación, entre otros elementos.

No se trata de concesiones del poder sino de asegurar la participación de los individuos, los grupos y las comunidades en la planeación y diseño del país y de su futuro. Para ello, se necesita también trastocar los cimientos del edificio político mexicano para darle otra estructura: una que sea más abierta y aliente la participación permanente de la sociedad en su conjunto como parte de un proyecto compartido y equitativo de desarrollo.

gpuenteo@hotmail.com

Escrito por en 16 marzo 2010. Archivado en * Info • Lente,Guillermo Puente Ordorica. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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