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6 sinsentidos de nuestros días

Rafael González Montes de Oca
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Los motivos de la Hydra / FAR

El gobierno del Distrito Federal anunció que cuatro mil 714 policías vigilarían la marcha conmemorativa del 2 de octubre. Uno se imaginaría que otras zonas de la ciudad, sin la presencia de esos agentes del orden, serían azotadas como nunca por la delincuencia. No sucede así. Se puede sacar a miles de policías de sus labores sin que eso afecte en nada, como sucedió cuando tres mil 400 agentes, 249 patrullas y un helicóptero fueron concentrados para cuidar la marcha Iluminemos México, hace un año, y eso nos indica que de cualquier forma la presencia de estos recursos humanos y materiales no tiene efecto alguno donde sea que se encuentren. Esto es un drama y es uno de los factores que explican por qué no se puede reducir el crimen en esta difícil ciudad. Todos esperamos que se mejore la eficiencia policiaca, pero para que se dé esta eficiencia se presupone que se cumple con una primera expectativa elemental: la de que sea al menos mínimamente útil tener al personal de seguridad pública en las calles. En esta ciudad de México eso sucede poco. Reconociendo que hay policías heroicos y comprometidos, por supuesto, sabemos que una gran parte de la fuerza policiaca es un desperdicio. Lo más grave es que con los recursos que se destinan a mantener esa enorme estructura se podría tener a un número menor de agentes, mejor capacitados, mejor armados, con mejor apoyo logístico y tecnológico, y sobre todo mejor pagados. No hay mejor prueba de la ineficiencia que sacar a más de cuatro mil 700 elementos de sus actividades cotidianas, sin que pase nada.

Es irresistible comentar Iztapalapa. Si Sigmund Schlomo Freud viviera, seguramente podría utilizar las imágenes de Juanito para ejemplificar lo que se conoce como lapsus linguae: un error en el habla mediante el que una persona muestra sus verdaderas intenciones. Yo por un momento creí que efectivamente iba a gritar contra el PRD; finalmente, ¿quién lo forzó a pedir licencia? Según lo que sabemos no fue el PT, sino Ebrard y las fuerzas perredistas capitalinas.

Todos sabemos que algo le dijo Ebrard a Juanito que le hizo cambiar dramáticamente de opinión, muy a su pesar; tan a su pesar que diría después el delegado con licencia lo mismo que expresó un vigilante que quedó atrapado en el reciente desbordamiento del Río Magdalena, y que vivió un susto tremendo: “hasta lloré”. Son muy pocos lo que saben qué sucedió realmente en esa conversación, si hubo ofertas, amenazas, o las dos cosas, pero todos intuimos que ahí sucedió algo oscuro. Por eso el que públicamente se aplauda “la intervención del jefe de Gobierno” para resolver el problemita de Clara Brugada raya en el cinismo, que cuando se enorgullece de sí mismo es algo así como cinismo al cuadrado.

La jefa delegacional de facto en Iztapalapa va a reducir su sueldo a la mitad, así como el de sus principales colaboradores, y así lo ha anunciado a los cuatro vientos. ¿No desprofesionaliza esto el desempeño de la función pública? Llevamos décadas proponiendo que los servidores públicos sean profesionales, que se dediquen con todo su esfuerzo a gobernar, que sean honestos y que reciban un salario acorde con su encargo, para llevar una vida digna sin necesidad de incurrir en corrupción. ¿Ayudará en algo que tanto ella como los funcionarios de su gobierno delegacional ganen el equivalente a lo que sería un sueldo medianamente gerencial en la iniciativa privada? Para dedicarse a una labor tan compleja y demandante como es el gobierno delegacional percibiendo un ingreso menor al correspondiente se tiene que dar uno de los siguientes supuestos: o se trabaja menos y menos bien que lo esperado (para nivelar), o se busca compensar la diferencia; o bien se ve ese paso como una inversión, un compás de espera antes de llegar a puestos más altos aún, en que se puedan servir con la cuchara grande –o con el cucharón– y ver así los frutos de la inversión. Ah, sí, o tener vocación de entrega sacrificada y desinteresada al pueblo (¿alguien cree que se trata de esta última opción? ¿Nadie?).

Demetrio Sodi es un hombre serio e inteligente, tal vez de los que verdaderamente pueden hacer una diferencia en la administración pública. ¿Qué necesidad de andarse diciendo de cosas y burlándose de los perredistas gritones que ya de por sí estaban quedando bastante mal? Tan sereno y tan controlado que iba.

Lo de que se ganó la presidencia “haiga sido como haiga sido” fue una expresión que, a decir de Diego Fernández de Cevallos, hizo un trabajador, un hombre de rancho. Dudoso favor le hizo Diego al presidente contándolo, porque la frase fue tomada por los perredistas como una supuesta confesión de trampa electoral y les indignó muchísimo (pero, bueno, para meterse el pie entre ellos algunos panistas se pintan solos). Ah, pero eso sí: los mismos que la repetían sufridamente estaban ahora ahí, dando discursos para celebrar la llegada al poder de Clara Brugada. El caso de Iztapalapa es un golpazo a la democracia: se votó por quien no se quería que ganara, para que ganara la que ni siquiera competía. Es un haiga sido como haiga sido… pero con mayúsculas.

rafael@gonzalez.com.mx

Escrito por en 3 octubre 2009. Archivado en * Info • Lente,México. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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