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Avances y retrocesos sociales en España: deporte y política

Platea Internacional

Guillermo Puente Ordorica

Por diversos motivos, España ha sido una noticia importante a lo largo de los últimos meses. Por un lado, los resonados triunfos españoles en varias disciplinas del deporte como en el tenis y más recientemente en el futbol al haber ganado la Copa Mundial en Sudáfrica, por primera vez en la historia de ese torneo, pero también su participación destacada en la literatura, el cine, las artes y la música en general han hecho que el mundo mantenga un interés creciente por ese país.

Por el otro lado, en marcado contraste con lo señalado anteriormente, España también ha estado presente en el ánimo de la opinión pública por razones políticas y sobre todo económicas, que son mucho menos afortunadas que sus triunfos en los deportes individuales y de conjunto. Las noticias sobre los altos niveles de desempleo, la deficiente gestión del gobierno de los efectos de la crisis económica mundial en el país, así como los pronósticos de que después de la profunda crisis en Grecia de meses pasados, España junto con Irlanda son las siguientes hebras por las que se romperá el cordón de la estabilidad europea, entre otros aspectos.

Apenas el sábado pasado, el presidente del gobierno español pedía el apoyo de todos los actores políticos para impulsar las reformas que, desde su perspectiva, de ser aprobadas, definirán el futuro del país en los próximos 20 años, a partir de un paquete de austeridad social que implica reestructurar el mercado laboral, el sistema de pensiones, recortes al presupuesto, etcétera, y que involucran medidas antipopulares. Ha llamado también a reforzar la cohesión social por contradictorio que ello parezca.

En ese marco, los triunfos y logros españoles en la dimensión social de país, por llamarlo así, parecen marchar a contracorriente de la nación, que atraviesa por enormes problemas económicos y navega con serias dificultades en la dimensión política de su posible solución, sin duda con repercusiones de largo plazo.

Esta aparente contradicción parece inexplicable si no se intenta situar a las cosas en su adecuada proporción. Casi como regla, los cambios sociales siempre van delante de los procesos políticos, los cuales no son tan eficientes como para reflejar las innovaciones y las ideas novedosas inmediatamente. Por el contrario, a lo largo de la historia hemos atestiguado el choque y las nefastas consecuencias que este desencuentro puede producir, así como el retraso social que el anquilosamiento de la política puede ocasionar de cara a la necesidad de cambios y adecuaciones sociales vinculadas al fomento del pensamiento, la organización social espontánea y de las propias necesidades de la sociedad, la cual por definición está en constante movimiento.

De manera que es fundamental construir el andamiaje político e institucional no solamente con una visión de futuro, sino con la flexibilidad suficiente como para responder de manera elástica a esas exigencias que se generan en el campo social. Solamente de esa forma es que es posible explicar que a la vuelta de un cierto número de años se obtengan frutos de lo cosechado, por utilizar una metáfora sencilla, a pesar de que las fuerzas sociales y políticas parezcan caminar por caminos ajenos.

El filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset (1883-1955), como brillante pensador y analista, dedicó una parte importante de su obra a observar la sociedad que le tocó vivir y formular una crítica tan certera que mantiene total vigencia. Quince años después de su nacimiento, el imperio de ultramar que minuciosamente había construido España a lo largo de casi trescientos años, llegaba a su fin tras una guerra con Estados Unidos en la que perdió sus últimos territorios de ultramar (Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico), si bien los golpes más fuertes al desmembramiento del imperio ya se habían dado desde inicios del siglo XIX con los movimientos independentistas a todo lo largo del continente americano.

Si bien Ortega y Gasset era casi un niño todavía en ese momento, sin duda le tocó vivir durante su juventud un muy interesante periodo de transición y renacimiento, por decirlo así, del país en el que le tocó nacer y que había ejercido un importante influjo en la política europea y mundial de su época hasta su derrumbe a la condición de cenizas al cerrar el siglo XIX.

En diferentes ensayos sobre la sociedad española que Ortega y Gasset analizó entre los primeros años del entonces nuevo siglo XX y la formación de la II República en 1931 hasta su erradicación tras la Guerra Civil entre 1936 y 1939, traza el retrato de una sociedad vibrante, con una cauda importante de escritores, pensadores y artistas que reflejaban las nuevas energías de la sociedad emergente.

Es importante hacer notar que estas energías sociales de cambio y vitalidad navegaron a contracorriente de los procesos políticos y económicos de la época y de las corrientes conservadoras que, como es lógico suponer, mantenían una importante presencia en el país vinculada a su visión de añorar el pasado glorioso, y por ello reticente a cualquier tendencia al cambio, como al cabo de los años demostrarían los hechos al polarizarse la sociedad española y desatar los enfrentamientos civiles que fueron saldados con la victoria y posterior dictadura de Franco.

Esas tres primeras décadas de la nueva centuria transcurrieron entre el colapso del régimen monárquico, la ocurrencia de golpes de Estado, dictaduras y procesos electorales en el marco de un contexto de efervescencia y radicalismo. Probablemente debido a esa turbulencia política y ante la falta de mecanismos sólidos de diálogo e interacción política y social, las energías vitales de transformación social de las que hablaba Ortega y Gasset no pudieron ser canalizadas adecuadamente para construir un nuevo país. El interregno que va del triunfo franquista a la muerte del caudillo en 1975 no sólo sumió a la sociedad en postración. No obstante, surgieron nuevas energías sociales en los años sesenta, las cuales fueron finalmente las que condujeron al país por senderos diferentes. Dichas energías renovadas lograron, tras un proceso de amnistía y reconciliación, la construcción de un sistema democrático que a la postre dotó al país de una presencia prestigiosa en el escenario internacional, al lograr posteriormente el ingreso de España a las comunidades económicas europeas (ahora Unión Europea) y a la Organización del Tratado del Atlántico del Norte (OTAN), entre otras organizaciones.

Con este trasfondo no parece fortuito que después de más de tres décadas de haberse iniciado un proceso de instauración y consolidación democrática, con importante raigambre social, económica y política, y en la que se han formado ya varias generaciones de ciudadanos en genuina democracia, se cosechen los frutos, para volver a la metáfora utilizada al inicio de esta columna, del esfuerzo paciente de cambio iniciado en la España de los años setenta. La estabilidad y la seguridad proporcionada por el régimen político a sus ciudadanos, pero también la certidumbre y las garantías de desarrollo, convivencia, opinión y disenso en un mismo espacio social en favor de individuos y colectividades, son parte sustantiva de su sistema social. Se podría decir que son fenómenos similares a la decantación del vino.

Es importante insistir en que estos procesos son dialécticos y requieren de la atención y adecuación permanente por parte de los actores políticos, económicos y sociales para permitir no sólo la convivencia pacífica y civilizada, sino para llevar a los individuos y a la sociedad en su conjunto a estadios superiores. Sería deseable que España continúe con su proceso de maduración democrática y que eventualmente el mundo iberoamericano abonara en la construcción de una tradición propia de pensamiento social a partir de los valores universales de la democracia, el deporte, la literatura y las artes en general, sobre todo ante la desolación por la que actualmente parecen transitar otros países de habla hispana.

gpuenteo@hotmail.com

Escrito por en 3 agosto 2010. Archivado en * Info • Lente,Guillermo Puente Ordorica. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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