Científicos mexicanos de diversas instituciones crearán dispositivos de diagnóstico mediante el estudio de pacientes del país / Los estudios se basarían en el trabajo en modelos animales y epigenética de Francisco Bolaños, de la Universidad de Nantes de Francia
Investigadores mexicanos en colaboración con la Universidad de Nantes de Francia, buscan desarrollar marcadores genéticos que muestren la susceptibilidad de pacientes a desarrollar alguna enfermedad cardiovascular u otra relacionada con sobrepeso y obesidad, que continúan en aumento en todo el mundo.
“El objetivo es contar con herramientas de diagnóstico que determinen si en la población mexicana se pueden hallar cambios en los genes, que puedan servir como indicadores, tanto para prevenir el desarrollo de obesidad, y posteriormente enfermedades cardiovasculares, u otras como diabetes mellitus, así como advertir su intensidad”, señaló Francisco Bolaños Jiménez, investigador mexicano de la institución francesa.
Los científicos buscarán estas modificaciones en mecanismos de regulación de los genes, llamados epigenéticos, por medio de dispositivos llamados microarreglos, utilizados ya en la detección de enfermedades como cáncer, u otros métodos diagnósticos.
El científico, junto con su equipo de trabajo en la Universidad de Nantes, ha logrado identificar estas modificaciones genéticas, así como algunas de sus causas, en ratones de laboratorio, sin embargo ahora, junto con especialistas de la Escuela Nacional de Medicina del IPN, el Cinvestav y el Hospital Federico Gómez, entre otras instituciones, realizarán pruebas clínicas en pacientes con estas enfermedades para identificar dichos marcadores en los genes y desarrollar la aplicación.
No obstante, aclaró el científico, este tipo de colaboraciones llevan tiempo, principalmente en los mecanismos de financiación adecuados que permita desarrollarlos. Pero a cerca de un lustro del proyecto, la financiación llega desde el Conacyt y la Agencia Nacional de Investigación Francesa, indicó.
MODELOS ANIMALES
Sin embargo, tal innovación en la salud sería inconcebible sin estudios básicos previos, llevados a cabo por el experto de la Universidad de Nantes en modelos animales.
Partamos inicialmente de estudios retomados por los científicos y cuya hipótesis podría ayudar a resolver no sólo problemas asociados con la obesidad, sino además explicar por qué en países con altos índices de pobreza existe una creciente población que desarrolla enfermedades relacionada con ésta, como México.
Si bien, se conoce que trastornos alimenticios prenatales tienen una repercusión en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares o diabetes, a través de un mecanismo llamado programación metabólica, el estudio en modelos animales de los científicos puede resumir bien este comportamiento.
Los investigadores estudiaron grupos de control de ratas de laboratorio en el que a unas se les alimentó de manera regular durante la gestación y otra en la que hubo una restricción de proteínas.
En principio, los animales desnutridos si bien se alimentaron en una mayor proporción —para compensar el déficit en la gestación, como resultado de una adecuación adaptativa en la que busca acumular más grasa— después de un tiempo corto en la adultez hubo una estabilización en el consumo de alimento en comparación con el otro grupo.
Durante su conferencia “Memoria nutricional del síndrome metabólico” en la Escuela Superior de Medicina, el científico detalló que aunque se había estabilizado su dieta y ya no comían más, después de sacrificar y analizar a ratones de este grupo, se halló que tenían una mayor acumulación de tejido adiposo en el abdomen y niveles altos de triglicéridos y ácidos grasos.
“Esto significa en parte, que el animal no comía más después de la compensación, lo que ocurrió es que ya había cambiado, alterado, la forma en que utilizaba los nutrientes”, añadió.
ALTERACIONES
En este sentido, los investigadores encontraron que —empero que en los seres humanos hay más parámetros conductuales y sociales en la ingesta de alimentos— en el proceso existía una modificación en el proceso biológico de la regulación de la ingesta de comida, había un retardo en la aparición de la saciedad.
Estos cambios conductuales, manifestó, están asociados a modificaciones en la expresión de dos tipos de genes en el hipotálamo, sobrexpresando más los que facilitan la ingesta de alimentos y subexpresando los que la inhiben. Hallaron además que existía una alteración en el neurotransmisor llamado serotonina en su acción inhibidora en la ingesta de alimentos.
También dieron cuenta de que existía una modificación en los genes encargados de los ritmos circadianos, en lo referente al tiempo en que se ingiere comida, que regularmente es durante el día, cuando se consumen más las grasas de estos como fuente de energía. Pero durante la noche no se queman tantas calorías, generalmente es momento de sueño. Bien, pues también hay alteración en esos genes en los ratones —aunque estos tuvieron una modificación inicial del sistema, puesto que como son roedores comen más en la noche—, por lo que ingerían más alimentos durante la noche.
Todas estas alteraciones tienen una alta incidencia en para desarrollar sobrepeso, obesidad y todas sus consecuencias, pero a estas hipótesis se les refuerza con el estudio de los científicos que localizó las disfunciones genéticas en los roedores en estas condiciones.
Tras un análisis de mil genes, explicó Bolaños Jiménez, se determinó que entre los genes modificados destacaban los relacionados con el metabolismo, cerca de 400 de éstos.
Sin embargo eso no es todo, porque también determinaron que existían otros genes alterados cuya función está relacionada en procesos como la producción de insulina en el páncreas o de glucosa en el hígado.
Si bien estos resultados se llevaron a cabo en ratones, con los que compartimos el 80 por ciento de los genes, no ofrecen una explicación determinante sobre por qué en el caso de México estas enfermedades proliferan, sí brinda interesantes hipótesis, las cuales podrán ser estudiadas de manera clínica con la colaboración entre instituciones que se llevará a cabo.
No obstante para el investigador es claro que si bien existen factores genéticos, epigenéticos y de otras índoles, la dieta alta en azúcares y grasas y la falta de ejercicio siguen siendo los motores que potencian la generación de estos padecimientos.
“La solución a la obesidad no puede ser terapéutica sino de prevención, sin embargo los aspectos políticos y económicos que implican modificar los hábitos alimenticios son un obstáculo indiscutible”, enfatizó el experto.
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