Ampliamente conocido en Dinamarca por sus posturas controvertidas respecto a la política ambiental, Bjorn Lomborg ha jugado un papel importante en la concientización de la sociedad danesa. Durante la COP 15 en su ciudad natal, era más que natural que jugara un papel importante en las acciones de la sociedad civil, agrupadas en el Klimaforum 09, que reunió a más de cinco mil personas, representando a 295 organizaciones.
Todo el viernes 18 de diciembre la incertidumbre, la falta de verdad, la indecisión, reinó en el Bella Center, aquí en la capital danesa, convertida durante las dos últimas semanas en la capital del futuro de la humanidad. Amaneció el día con fuertes ventiscas que laceraban mi cara por aventurarme en el amanecer desde Suecia hacia Dinamarca, cruzando el Báltico a través del Puente Oeresund, para llegar con mucha anticipación al día de la definición.
La cumbre del cambio climático de Copenhague, que hoy se clausura, aún no tiene un acuerdo a la vista, y sí llamamientos de los líderes políticos para alcanzar un mínimo consenso antes de que sea demasiado tarde.
Toda la tarde de anteayer miércoles y la mañana de ayer jueves, las nubes negras del fracaso se estuvieron presentando sobre el Bella Center, en Copenhague. En los corredores entre las salas de negociación se hablaba abiertamente de que un arreglo integral y constructivo se lograría en México, próxima sede de las Conferencias de las Partes (COP’s). La número 16.
Son las doce del mediodía de este miércoles 16 de diciembre del 2009. Está cayendo en Copenhague la segunda gran nevada de la temporada invernal. El cielo está oscuro desde la mañana. El viento te corta las orejas y la nariz. Está inhóspito. Luchas contra el viento que te parte la cara. Estás solo contigo mismo.
Escribo esta columna ya muy entrada la noche porque con las manifestaciones y los horarios de los eventos nocturnos se me complicó el regreso por tren de Dinamarca a Suecia, teniendo que tomar un convoy “lechero” y vine llegando a mi hotel después de la una de la mañana, así que el texto seguramente está medio desvelado. Pero lo que sí quiero comentarle, querida, querido lector, es que las negociaciones se complicaron todavía más el día de hoy por la incapacidad de los dos bloques principales, los países ricos y los países pobres, para construir una plataforma común en las dos pistas en las que se llevan a cabo las discusiones: la Convención Marco de Cambio Climático (UNFCC, por sus siglas en inglés) y la permanencia o no del Protocolo de Kioto.
Se inició ayer, lunes, la segunda semana de negociaciones en el Centro Bella con nubes negras en el horizonte: No sólo los cielos pesadamente encapotados sobre el Centro y las violentas manifestaciones de los globalífobos han modificado para mal el ambiente en esta COP 15, sino la detención súbita ayer del ritmo y la fluidez de los intercambios de posturas entre los 193 países participantes.
Al analizar el desarrollo de las negociaciones para estabilizar el clima mundial aquí en Copenhague, pareciera que se trata de discusiones entre gobiernos nacionales: ¿qué ha dicho China, qué contestaron los Estados Unidos? Pero hay un grupo trascendental de actores en estas discusiones que deja oír su voz, que debe ser tomado en cuenta, y sin el concurso del cual Copenhague no iría a ningún lado, o como he expresado aquí, iría derecho al suicidio.
Hoy se cumplió el cuarto día de tensas negociaciones para establecer la plataforma (groundwork) sobre la cual construir el Acuerdo de Copenhague. En la palestra está muy claro el objetivo: Estabilizar la concentración de CO2 en nuestra atmósfera en 450 partes por millón, de tal manera que la temperatura promedio del planeta no aumente más de 20C a 2.40C, como comenté ayer en este espacio. Para muchos de nosotros, querida, querido lector, no debería haber problema: Ya sabemos a lo que tenemos que llegar, pues lleguemos y ya. No es tan fácil, y posiblemente no lo podamos alcanzar aquí en Copenhague. ¿Por qué? Porque atrás de ese número mágico de 450 partes por millón (ppm) están ocultas decenas de trampas y obstáculos que ya no tienen nada que ver con el número 450, sino con formas de pensar, tradiciones culturales, cosmovisiones, intereses políticos y económicos.