‘Carlos Alberto Patiño’

De vagos

De vagos

Andábamos de vagos. Salimos por la mañana. Miguel quería ir al parque, así que nos dimos una vuelta por el México, en la Condesa.
Luego fuimos por un helado y un café. Aproveché para que conociera uno de mis cafetines favoritos, el de los Enanos del Tapanco, en la Roma.

El primer choque

El primer choque

Carlos Alberto Patiño

Fue mi primer auto y también el primero que choqué. Aclaro, el único que he chocado, porque en los demás accidentes en que me he visto involucrado, he sido la víctima.

1980

1980

Carlos Alberto Patiño

Déjame que te cuente.
Hace 30 años, cuando tú llegaste, no había celulares, casi nadie tenía microondas y las computadoras eran cosa de las grandes empresas o de genios. Las videocaseteras apenas comenzaban a ponerse de moda, y tener un fax era expresión máxima de modernidad.

Rumbos recurrentes

Rumbos recurrentes

Carlos Alberto Patiño

Hay rumbos de la ciudad que se entrometen. Por más que uno no tiene un interés particular por determinada zona, irremediablemente acaba por acudir ahí.

Adolescencia recobrada

Adolescencia recobrada

Carlos Alberto Patiño

Yo soy abuelo. No es que sea muy viejo, es que mi precoz hija menor nos adelantó el estatus a toda la familia. Pero no quiero escribirles de eso hoy, pues excedería a la enésima potencia el espacio de las Crónicas al vuelo si les contara un poquito de mi nieto.

Derecho, sigue derecho

Derecho, sigue derecho

Carlos Alberto Patiño

Era la víspera de la Nochebuena.
Gerardo, el conductor que preguntaba por el rumbo que seguiríamos acaba de recibir un vocho del año como regalo.
Todavía ignoro por qué méritos se lo dieron, pues era imposible que fuera por sus calificaciones. El asunto es que en cuanto supo que recibiría las llaves del autito, llamó a mi hermano y a otros amigos para mostrarnos su obsequio.

La amada

La amada

Carlos Alberto Patiño

Es femenina y por lo tanto, contradictoria.
Te atrae y te rechaza.
Cuando la buscas, no te responde, pero si la ignoras, te daña.

Un hombre de adicciones

Un hombre de adicciones

Carlos Alberto Patiño

Siempre lleva un libro consigo. Al trabajo, a la escuela, a comer, a los cafés y bares, hasta a hospitales y funerarias.
“Quién sabe cuándo se presente una emergencia de lectura”, dice a los preguntones

Roja, comme il faut

Roja, <em>comme il faut</em>

Roja, dije sin dudar. Me preguntaba el taquero por la salsa. Nada de mayor importancia. Pero al expresar mi elección, algo hizo ping, allá adentro, donde las neuronas fosforean cuando logran una sinapsis. Es que lo de escoger a la roja me es algo automático. El chispazo en aquella cena fast track me hizo recordar la infancia.

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“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple :

sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.”

El Principito. Antoine de Saint-Exupéry

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