Guillermo Puente Ordorica
Escribo estas líneas al mismo tiempo con pesar y con la admiración de siempre al amigo y maestro Carlos Montemayor, recientemente fallecido, para referirme a uno de los tantos temas que conocía a profundidad y que lo cautivaban, esto es, la vigencia y riqueza de nuestras culturas indígenas, de sus múltiples expresiones y energías de resistencia a través de su literatura, su poesía o bien de su capacidad organizativa, por mencionar algunos aspectos.
Guillermo Puente Ordorica
En pleno año de los aniversarios de la Independencia y de la Revolución del país, un añejo debate nacional ha cobrado nuevos bríos. Recientemente el profesor Lorenzo Meyer recordaba la historia del enfrentamiento entre el Estado y la Iglesia desde el siglo XIX por hacer prevalecer la separación o la simbiosis —según se vea— entre los dos ámbitos, y de sus diversos pasajes hasta la actualidad.
Guillermo Puente Ordorica
En la colaboración anterior, recordaba que José Ortega y Gasset incorporaba en su libro sobre la Rebelión de las masas, escrito en 1937, diversas reflexiones sobre la idea del Estado como una obra de imaginación, la cual representa en un sentido amplio convivencia estabilizada y constituida. Ello oculta, si bien no desaparece, el dinamismo que lo produjo y que lo sostiene.
Guillermo Puente Ordorica
El año 2010 está lleno de significados y simbolismos para México, por representar un periodo en el que se celebra, a la vez, el aniversario de dos gestas históricas que contribuyeron a dar forma a la fisonomía de ser y sentirse mexicano, y sobre todo de una nación: la independencia y la revolución. Numerosos analistas se han abocado a analizar las posibles implicaciones que estos dos sucesos fundamentales tienen, han dejado de tener o podrían tener para el país. Sin intentar minimizar o resumir las diferentes posiciones expresadas, es posible encontrar desde aquellas que van en el sentido de apuntar a una cierta intrascendencia de hechos ocurridos en el pasado con escasa incidencia en el acontecer actual, hasta aquellas que buscando establecer un símil, y en ocasiones un paralelismo con las fechas, hablan de riesgos evidentes, de estallidos sociales en coincidencia con estos aniversarios.
Algunas señales apuntan a que en el 2010 la economía estadunidense, y en general la economía internacional, detendrá su deterioro y crecerá a ritmos moderados, lo cual será suficiente, a decir de algunos especialistas y tomadores de decisiones, para revertir el índice de desempleo si bien a un ritmo mucho menor del que sería deseable. En contrapartida, otras voces sostienen que, por el contrario, existe el riesgo de que el desempleo aumente, e incluso aún en el caso de una posible reducción, preguntan cuáles serían las razones para que la Reserva Federal estadunidense no dé pasos más decisivos para combatir el desempleo de una manera más decidida y expedita.
Con el trasfondo de la crisis económica internacional de la década de los setenta en el siglo XX, el debate intelectual sobre el manejo de la economía comenzó a ser dominado por la teoría del mercado eficiente promulgada, entre otros, por académicos como Eugene Fama. Para la década siguiente, especialistas como Michael Jensen argumentaban que dado que los mercados financieros siempre desarrollan los precios correctos, lo mejor que podían hacer las corporaciones era maximizar los precios de sus acciones en beneficio propio y de la economía en general. Los economistas financieros creían que se debía poner el capital de desarrollo de una nación en manos de los mercados financieros; justamente lo que Keynes consideraba una pésima idea.
En 1776, Adam Smith publicaba una obra que resultaría ser trascendental (La riqueza de las naciones) para el desarrollo de la teoría económica, cuyo contribución central fue otorgar al mercado el lugar central como motor del crecimiento económico de los países. A decir de algunos autores como Paul Krugman, tanto los economistas clásicos como los neoclásicos, posteriormente, se abocaron a la tarea de cimentar la idea de que había que tener fe en el mercado durante los siguientes 160 años. Esta idea fue diluida en buena medida con la Gran Depresión de la economía estadunidense en el primer tercio del siglo XX, dando lugar, en el nivel de las ideas y las conceptualizaciones para hacer frente a la crisis desatada y explicar sus causas, a que se prestara mayor atención a las formulaciones de John Maynard Keynes.
En una reciente colaboración para el semanario que publica el diario The New York Times, Paul Krugman, prestigioso columnista de ese periódico y autor de numerosas publicaciones sobre economía, ha sugerido que la reciente crisis económica estadounidense, a la que califica de Gran Recesión, ha sido el resultado de una combinación entre la laxitud en la aplicación de controles y regulación por parte de Washington y los riesgos que irresponsablemente fueron asumidos en Wall Street, pero también y de manera muy importante, de los desaciertos en la formulación de las teorías predominantes en la academia en materia económica y financiera. (“How did Economists get it so wrong?”, 6 septiembre 2009.)
Hace tres décadas la fuerza de la figura de Ronald Reagan dentro y fuera de Estados Unidos dio en la práctica un auge inusitado a un conjunto de ideas y políticas que se asociaron ideológicamente a los conceptos del mercado libre y la democracia, en oposición al proteccionismo y la llamada economía estatal, de manera que la causa de todos los males era el Estado mismo.