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Chile, S.A.

Invasión Retrofutura

Andrés Pascoe Rippey


Con el triunfo del derechista Sebastián Piñera, ya cambió algo: si la Concertación gobernó para los empresarios, ahora gobernarán los empresarios. Y sí; cuando el flamante presidente electo anunció hace un par de semanas a su gabinete, quedó clarísima su visión de lo que es Chile: puros gerentes y empresarios, puros allegados leales, puros empleados. En el Ministerio de Salud, puso al administrador de su clínica privada; en la subsecretaría de deportes, a un amigo accionista de su equipo de futbol, el Colo-Colo; en Relaciones Internacionales — quizás el caso más escandaloso— puso al presidente de las multi-tiendas Falabella (tipo Palacio de Hierro), cuyo gran mérito internacional es haber abierto tiendas en Perú y Argentina.

Todos y cada uno de los miembros del gabinete de Piñera tienen conflictos de intereses, ya que todos son empresarios del rubro al cual regirán. Casi ninguno es político profesional, y la mayoría jamás ha jugado ningún rol en política (fuera de ser amigos del presidente electo).

Uno de los pocos políticos que accedieron al gabinete es el pinochetista reconvertido Joaquín Lavín. Este ex funcionario de la dictadura, ex defensor del tirano, ex candidato de la ultra derecha (estuvo a milímetros de ganarle a Ricardo Lagos) y miembro del Opus Dei, es ahora el encargado de la educación pública de todos los chilenos. Y también tiene conflicto de interés: es copropietario de algunas universidades privadas.

Según lo que establece la ley chilena, nadie puede ser ministro de un rubro si ha tenido, en los últimos dos años, intereses económicos en el mismo. Así, en sentido estricto, todo el gabinete de Piñera es ilegal. Felizmente Chile sigue siendo parte de Latinoamérica, y todavía es posible —aunque sea más difícil— ignorar la ley. Para colmo, de los 22 puestos del gabinete, sólo seis son para mujeres. El resto son todos hombres de clase alta, de derecha y conservadores. Tremenda decepción se llevarán cuando descubran que un país no es una empresa y no se administra igual.

Sin embargo, como una triste señal de lo que viene, la Concertación ha sido (como siempre) tímida y acomplejada a la hora de cuestionar al nuevo presidente. De hecho, las críticas más duras contra Piñera vienen de la propia derecha, donde dos generaciones de reaccionarios estaban salivando con los cargos que pensaron les serían ofrecidos, y ahora se encuentran tristes y decepcionados. Pobrecitos: primero combatieron la transición; después combatieron —a capa y espada— a la Concertación, al tiempo que defendían el legado de la dictadura. Y ahora, cuando por fin lograron tener un candidato ganador, éste les da la espalda y trata al gobierno exactamente como lo hizo siempre con sus empresas: como un patrimonio personal, en el que cuenta más la obediencia, la eficacia para hacer dinero y la sumisión que la expertise política.

En respuesta a las críticas, Piñera “equilibró” otorgando la mayor parte de las subsecretarías a poderosos miembros de los partidos. Con eso —sorprendente que no se dé cuenta— ha creado una espiral de fracaso: los subsecretarios tendrán más muñequeo e influencia política que los ministros, invirtiendo así los roles tradicionales. Chocarán todos los días.

Ahora llega la hora de la verdad, tanto para la derecha como para la Concertación: el 11 de marzo toma posesión el nuevo gobierno y tendrá poco tiempo para demostrar que sí representa un “cambio” para bien. La presidencia sólo dura cuatro años y Piñera tiene que hacer más que administrar los logros de la Concerta.

Por su parte, la nueva oposición tendrá que encontrar el camino para, primero, mantenerse unida y, segundo, aprender por fin a sacar los dientes. Sólo siendo una oposición leal, pero firme, podrán volver al poder. Con todo, he escuchado en mucha gente una cierta satisfacción: “por fin podemos ser oposición de verdad”. Y claro, lo que ha sucedido durante estos años es que mucha gente de izquierda se ha sentido decepcionada y hasta traicionada por la Concertación, pero han tenido que ser “opositores de clóset”, ya que no podían salir a protestar para no hacerle el juego a la derecha.

Eso se acabó. Todos están saliendo del clóset. Están preparándose para ser francos y duros críticos del gobierno. Están ilusionados con poder, por fin, gritar “este gobierno es una mierda” y no sentirse culpables.

Ahí estaré, junto a ellos y ellas, para recibir las primeras bombas lacrimógenas.

apascoe@gmail.com
agarrabaguette.blogspot.com

Escrito por en 20 febrero 2010. Archivado en * Info • Lente,Andrés Pascoe Rippey. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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