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Cien o doscientos

Platea Internacional

Guillermo Puente Ordorica


La nueva Democracia, (fragmento) 1945 / Palacio de Bellas Artes / David Alfaro Siqueiros

El año 2010 está lleno de significados y simbolismos para México, por representar un periodo en el que se celebra, a la vez, el aniversario de dos gestas históricas que contribuyeron a dar forma a la fisonomía de ser y sentirse mexicano, y sobre todo de una nación: la independencia y la revolución.  Numerosos analistas se han abocado a analizar las posibles implicaciones que estos dos sucesos fundamentales tienen, han dejado de tener o podrían tener para el país. Sin intentar minimizar o resumir las diferentes posiciones expresadas, es posible encontrar desde aquellas que van en el sentido de apuntar a una cierta intrascendencia de hechos ocurridos en el pasado con escasa incidencia en el acontecer actual, hasta aquellas que buscando establecer un símil, y en ocasiones un paralelismo con las fechas, hablan de riesgos evidentes, de estallidos sociales en coincidencia con estos aniversarios.

Parece que estudiar y entender la historia es indispensable para comprender el presente y aspirar a un mejor futuro. La historia al parecer no se repite, pero más difícil es argumentar que no aporta experiencia y lecciones, y menos aún que contribuye al debate y comprensión de los procesos políticos, económicos y sociales.  En esa medida, parece que las numerosas carencias que enfrenta nuestro país en la actualidad en materia de desarrollo democrático, desigualdad y pobreza tienen raíces ancestrales, por mencionar algunos ejemplos que sobresalen por su obviedad. No somos un país con un sistema democrático sólido y consolidado, ni tampoco una sociedad que se distinga por su igualdad de oportunidades en su más amplio sentido social (educación, vivienda, servicios de salud, etcétera), como tampoco por la distribución equitativa de su riqueza y de empleo para toda su población, a pesar de ciertos avances y múltiples esfuerzos, planes y programas desplegados a lo largo de la historia mexicana.

Es cierto que otros problemas que aquejan al país son más recientes, y difícilmente entran en la categoría de problemas históricos, como el rezago educativo, el narcotráfico, la contaminación u otros que sería innecesario enumerar para estos propósitos, pero que con todo y su carga contemporánea requieren de soluciones integrales que parecen estar ausentes de la agenda de la clase política y empresarial mexicana, a pesar del discurso o de los promocionales en medios electrónicos. Pero también la reflexión sobre los aniversarios de los movimientos políticos y sociales de 1810 y 1910 tienen que ver con el entendimiento sobre lo que es la esencia o los rasgos que permiten hablar de lo que es ser mexicano o sentirse mexicano. Recientemente, el gobierno de Francia puso en funcionamiento un ambicioso proyecto de preguntar a sus ciudadanos cuáles son las características de la nacionalidad francesa, y de lo que opinan que el gobierno debe hacer para preservar y promover la cultura y los valores franceses. Sin duda, la francesa es una sociedad dinámica, sujeta a los constantes flujos de migración africana o europea del este, por mencionar un par de regiones, y en esa medida la comparación parece pertinente. Tampoco debe olvidarse que el paralelismo también puede extenderse a nuestra latitud, que se trata de una sociedad profundamente orgullosa de su cultura.

El filósofo José Ortega y Gasset señalaba que “la sustancia o índole de una nueva época histórica es resultante de variaciones internas —del hombre y su espíritu— o externas —formales y mecánicas—. Entre estas últimas, la más importante, casi sin duda, es el desplazamiento del poder. Pero éste trae consigo una desplazamiento del espíritu (La rebelión de las masas, 1937)”. Resultan muy relevantes sus pensamientos a pesar de que fueron desarrollados en una época pasada, por el hecho de que sus reflexiones iniciaron en una España, o mejor dicho sus energías sociales, que surgían con inusitado entusiasmo, y que luego decayeron ante la carencia de los canales políticos e institucionales para alentarlas. Cosa de recordar el periodo de la dictadura franquista.

El simbolismo por los dos aniversarios en 2010 da espacio para éstas y otras reflexiones que nos deberíamos tomar con la mayor seriedad, a pesar del agobio en el que se encuentra sumergida la nación y de la pobreza de buena parte de su clase dirigente política y empresarial.

El debate implica, además, pensar en las circunstancias internacionales en las que se desarrolla el ejercicio de ser mexicano y del significado de su historia a cien y doscientos años de su revolución e independencia, respectivamente, que son esenciales dada la compleja interdependencia de la globalización.

Parece claro que en un mundo crecientemente interdependiente, se ha vigorizado la conciencia civilizacional y social, al igual que las manifestaciones de identidad étnica, regional e individual. En la globalización, paradójicamente se reafirman los particularismos. Como sabemos los Estados y las sociedades nacionales, como entes homogéneos, se encuentran sujetos a fuertes cuestionamientos y han sido sacudidos para que busquen respuestas favorables que reconozcan la diferencia y alienten la diversidad sin perder su unidad, aunque no en todos los casos.

Desde la visión de Ortega y Gasset, desde inicios del 1,500 la humanidad había entrado toda en un proceso gigantesco de unificación, si bien acotaba que el concepto del Estado involucra las fuerzas históricas que consiguen una combinación de equilibrio. Anotaba que “el Estado es convivencia estabilizada, constituida, estática”, pero no debe perderse de vista que ese carácter de inmovilidad oculta “el dinamismo que produjo y sostiene al Estado.” Se corre el riesgo de olvidar que el Estado es solamente el resultado “de un movimiento anterior de lucha, de esfuerzos, que a él tendían.” De lo anterior, se deduce que el Estado comienza por ser una obra de imaginación, y lo mismo puede decirse de la idea de nación.

gpuenteo@hotmail.com

Escrito por en 19 enero 2010. Archivado en * Info • Lente,Guillermo Puente Ordorica. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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