Conferencia de las Partes 15
Convención Marco para la Protección de la Atmósfera
Luis Manuel Guerra
16 • 12 • 2009
Escribo esta columna ya muy entrada la noche porque con las manifestaciones y los horarios de los eventos nocturnos se me complicó el regreso por tren de Dinamarca a Suecia, teniendo que tomar un convoy “lechero” y vine llegando a mi hotel después de la una de la mañana, así que el texto seguramente está medio desvelado. Pero lo que sí quiero comentarle, querida, querido lector, es que las negociaciones se complicaron todavía más el día de hoy por la incapacidad de los dos bloques principales, los países ricos y los países pobres, para construir una plataforma común en las dos pistas en las que se llevan a cabo las discusiones: la Convención Marco de Cambio Climático (UNFCC, por sus siglas en inglés) y la permanencia o no del Protocolo de Kioto.
La Convención Marco es por su naturaleza muy amplia y general, y no puede discriminar a unos países frente a otros, y por lo tanto avanza muy lentamente. Las convenciones marco de Naciones Unidas equivalen a las leyes de los países, pero como no puede haber leyes supranacionales, se les llama convenciones marco. Si en los países individuales las leyes muchas veces son muy generales, ¡imagínese usted en el contexto de 193 países miembros de Naciones Unidas! Aquí en Copenhague se esperaba que hubiese una “aceleración” en la actualización de la Convención Marco por el ímpetu que se generó desde 1997 con las cuatro publicaciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y la presentación del trabajo mediático del ex vicepresidente Al Gore.
Todos esperábamos que las negociaciones de actualización fluyeran suavemente desde la primera semana. Pero precisamente a principios de esta semana, el lunes 14, se detuvieron las negociaciones por la exigencia, intransigente desde mi punto de vista, aunque esta opinión me acarree la ira de los ambientalistas radikalinskis, de los países en vías de desarrollo, de fijar un monto económico fijo en un porcentaje del PIB de los países desarrollados para la transferencia de tecnologías amables con el clima. Esto es un buen deseo, pero los parlamentos de los países desarrollados jamás lo van a aprobar en ese sentido.
La segunda pista, las negociaciones de implementación del Protocolo de Kioto, se atascó aún más con la exigencia de los países en vías de desarrollo de que los industrializados reduzcan en 40 por ciento sus emisiones a corto plazo. Otro buen deseo, pero no toma en cuenta las características y peculiaridades de cada uno de los desarrollados. El reloj sigue avanzando, la supuesta sabiduría del homo sapiens-sapiens no.
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