Las cifras del desempleo en Estados Unidos siguen siendo un motivo de preocupación por sus elevadas tasas. Desde luego hay un drama humano detrás de cada historia en la que un trabajador se queda sin empleo, pero la suma de todos estos factores han venido a mostrar, en palabras de diversos especialistas, que la crisis económica y financiera iniciada en 2007, está lejos de mostrar signos de recuperación. Ello viene a colación por el informe mensual de las autoridades laborales de Estados Unidos en el que los niveles de junio han arrojado un 9.5 por ciento de desemplo, lo cual representa la pérdida neta de 467 mil empleos, número superior si bien por un mínimo a lo registrado en el mes de mayo. Más aún, ese porcentaje es el más elevado que se tiene en ese país desde 1983.
Desde finales de 2007 a la fecha se han han perdido 8.8 millones de fuentes de empleo, esto es, las cuales se contabilizan de la siguiente manera: 6.5 millonesde empleos que efectivamente desaparecieron y 2.3 millones que nunca lograron crearse para atender las necesidades de la población económicamente activa de ese país.
El prestigioso diario The New York Times cita las palabras pronunciadas por el economista en jefe de la consultora PNC Financial Services, Stuart Hoffman, para resumir la situación: “Los números son indicativos de una continuada y muy severa recesión”. Tan preocupante como sintético.
El informe mensual y las cifras dadas a conocer en ese documento han reabierto el debate sobre la efectividad del plan de rescate financiero y de estímulo a la economía recientemente dado a conocer por el gobierno del presidente Obama. De un lado se encuentran voces que hablan de la necesidad de reforzar con mayores flujos de dinero e incentivos a la economía norteamericana para revertir la situación de deterioro. De otro lado, las autoridades gubernamentales señalan que aún es demasiado pronto para ver los beneficios del paquete de estímulo.
Cabe recordar que dicho paquete gubernamental contempla la erogación de 787 mil millones de dólares, aprobado en el mes de febrero pasado, para estimular la economía en materia de educación, salud, construcción y otros alivios fiscales. Su propósito fundamental es ayudar a crear o preservar entre tres y cuatro millones de empleos. Si se cotejan las cifras entre las pérdidas reales y nominales de empleo frente a esta proyección, el saldo es claramente negativo.
Precisamente con ese trasfondo es que los sectores ubicados en esos dos espectros de opinión mantienen argumentos serios para respaldar sus posiciones. Es muy previsible que esta situación aliente mayores debates en el Congreso estadunidense y que el ejecutivo se vea en la necesidad de brindar explicaciones más sólidas antes las expectativas nada halagüeñas sobre empleo en ese país. Especialistas sugieren que en el fondo el reto mayor para la recuperación de la economía es la persistencia de incertidumbre, lo cual tiene efectos negativos incluso por encima de los temores —con poco fundamento— de que algunos grupos o sectores pudieran estarse beneficiando de los apoyos coyunturales al desempleo y, desde luego, sin alentar el endeudamiento excesivo, uno de los principales aspectos que llevaron a la irrupción de esta crisis. Sin duda al final el objetivo que cuenta es poseer una visión para crear empleos bien remunerados. No hace falta elaborar demasiado para pensar en las consecuencias y el impacto futuro que ello puede tener para la economía nacional, pero también en lo que concierne al ámbito internacional, habida cuenta de que el sistema económico y financiero global está estructurado alrededor del enjambre estadounidense.
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