Las ganancias por servicios al crimen organizado registran variaciones. Investigaciones revelan que por ejecución de un rival el pago va de los mil a los dos mil 500 dólares; por transportar la droga, dependiendo del lugar y la carga, el pago oscila entre los 250 y mil dólares; por venderla, el pago semanal, en la mayoría de los casos, según estimaciones de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y la Interpol, deja un pago fijo de unos 500 dólares extra por cada venta
Obligados en mayor parte por la pobreza y la marginación, grupos delictivos que integran pandillas en países de América Latina han dejado poco a poco los delitos comunes como robos y asaltos para refugiarse en los tentáculos del crimen organizado, al ser tentados por la ganancia de dinero fácil, ya sea llevando droga de una región a otra, de un país a otro, realizando extorsiones, secuestros, ejecutando a rivales o simplemente sumándose a cárteles, pues, según investigaciones de la Interpol, DEA y la CIA, las nuevas generaciones de delincuentes buscan no sólo formar parte de un grupo del crimen organizado cuyo nombre inspire respeto y miedo los adversarios, sino también estar entre los herederos de los nuevos líderes del narcotráfico.
De acuerdo con organizaciones defensoras de los derechos humanos como Human Rights Watch (HRW), que apoya sus datos en reportes de países como México, Panamá, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, existen alrededor de 300 mil miembros de pandillas en estas naciones que ya participan con grupos del crimen organizado. Cifra aparte la integran grupos delictivos de Brasil, Perú, Argentina y Colombia, que sumarían otros 250 mil vándalos. En Estados Unidos, las distintas pandillas tienen entre sus miembros a unos 25 mil delincuentes, una tercera parte de ellos de origen latino.
Información de la Policía Internacional (Interpol) y de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) señala que desde principios de este milenio se comenzó a notar una mutación entre las pandillas de países latinoamericanos que tenían mayor presencia en el terreno del delito y para ello se integraron a narcotraficantes en sus países.
Las ganancias por servicios al crimen organizado registran variaciones. Investigaciones revelan que por ejecución de un rival el pago va de los mil a los dos mil 500 dólares; por transportar la droga, dependiendo del lugar y la carga, el pago oscila entre los 250 y mil dólares; por venderla el pago semanal, en la mayoría de los casos, según estimaciones de la DEA y la Interpol, deja un pago fijo de unos 500 dólares extra por cada venta.
El SALVADOR
Los denominados Mara Salvatrucha, que han ido penetrando en Latinoamérica, se han transformado en el brazo ejecutor de cárteles de la droga en Perú, Honduras, Nicaragua y Panamá, a la vez que se han convertido en los “burreros” o transportadores de las drogas en el sur de México, Estados Unidos, Guatemala y El Salvador.
Aunque su sistema delictivo sigue siendo el asalto de transeúntes y asesinato de rivales, su esquema gira ahora en torno a servir a grupos del narcotráfico de México y Colombia. Los Maras son el mayor grupo pandillero de El Salvador, con origen en la década de 1980 en la ciudad estadunidense de Los Ángeles, donde se formó con jóvenes centroamericanos para defenderse de otros grupos étnicos.
PERÚ
Las “pirañas”, como se les conoce a las pandillas en Perú, destacan en forma notoria a partir de la década de 1990, principalmente en regiones de marcada historia de las guerrillas y sus actividades terroristas como en las zonas de Huamanga y Ayacucho, de amplia presencia del grupo extremista Sendero Luminoso.
Cárteles colombianos con nexos con Sendero Luminoso han sumado a sus filas a integrantes de al menos 300 pandillas de la capital peruana y de El Callao, zonas que, según estimaciones de la policía local, son geografía obligada para el paso de enervantes por ser uno de los atractivos de turistas extranjeros y locales.
Los vándalos sumados al crimen organizado en este país, según la Policía Nacional peruana, suelen ser los que transportan y llevan la droga a varios puntos del país.
GUATEMALA
En Guatemala, pese a que existen cientos de pandillas, cinco grupos dominan el mercado de la droga y están dirigidos principalmente por militares en activo y retirados, así como de ex guerrilleros que han sumado a pandillas a su lucrativa organización. Según la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés), estos grupos, identificados como La Cofradía, El Sindicato, El Estado Mayor Presidencial, las Patrullas de Autodefensa Civil y la Red Moreno y el Grupo Salvavidas, tienen nexos con narcos mexicanos, principalmente con el Cártel del Golfo y Los Zetas.
Información de la DEA y de la propia policía guatemalteca señala que los capos mexicanos tienen amplia presencia en este país centroamericano a través de tres organizaciones criminales locales.
COLOMBIA
En Colombia, donde en la década de los 70 y 80 destacó el nombre de Pablo Escobar Gaviria, fundador del Cártel de Medellín y uno de los máximos jefes del narcotráfico, la disputa por el control del mercado de las drogas ha dado surgimiento a grupos que buscan adueñarse de la venta de estupefacientes.
Un estudio de Human Rights Watch revela que entre los grupos que buscan adueñarse del mercado de las drogas figuran sucesores de los desmovilizados paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que han adoptado su sistema delictivo en 24 de las 32 provincias del país. El grupo, que según estimaciones cuenta con cuatro mil miembros, busca sacar provecho a través de nexos con narcos colombianos y mexicanos, lo que suma a otros delitos como secuestro, extorsión y ejecuciones por encargo.
Las principales áreas de acción de este grupo se desarrolla en Medellín, la región del Urabá y los departamentos de Meta y Nariño, al sur del país.
Por otra parte, pandillas locales que integran a unos 10 mil miembros han comenzado a integrarse a cárteles que buscan una mayor presencia no sólo en el mercado de la droga local, sino en la exportación de los estupefacientes, principalmente de la cocaína.
BRASIL
La presencia de pandillas en Brasil va ligada con el narcotráfico y la pobreza que se vive en las favelas (comunidades asentadas como cinturones de pobreza) en varios puntos del llamado gigante sudamericano.
Las favelas en Río de Janeiro destacan por ser refugio de grupos peligrosos del narcotráfico y por ser una amplia zona de mercado de estupefacientes.
Exactamente no existe un censo real que especifique cuántas favelas hay, pero se estima que hay más de mil y que albergan a unos tres millones de los 14 millones de personas que viven en Río de Janeiro.
Entre los principales grupos del crimen organizado en el que las pandillas suelen ser la clave figuran el clan de Luiz Fernando da Costa Fernandinho Beira-Mar, uno de los narcos más peligrosos de Río de Janiero y de Brasil y capturado en 2001 en Colombia.
Reportes de la policía brasileña señalan que, a diferencia de los cárteles de la droga dedicados a exportar los enervantes como los narcos de México y Colombia, en Brasil se dedican a importar drogas al por mayor, principalmente cocaína de Bolivia, Perú y Colombia, así como mariguana de Paraguay.
Información de la DEA, que apoya sus argumentos en datos de la policía nacional de Brasil, señala que para la distribución de drogas los narcos de Río de Janeiro echan mano de sus propias redes de distribución, con unos 100 mil vándalos de pandillas locales.
Aunque algunos grupos se dedican aún al atraco de transeúntes y automovilistas en carreteras cercanas al aeropuerto de Río de Janeiro, una mayoría ha empezado a dejar esos delitos para sumarse al narcotráfico, ya sea como vendedores, transportadores y como gatilleros de algún clan.
MÉXICO

Los cárteles mexicanos se disputan el mercado y rutas de droga hacia EU, dejando tras de sí un número elevado de muertos.
Por otra parte, un informe presentado en Viena por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) reveló que los cárteles mexicanos controlan gran parte del mercado en América Latina y lo surten a su principal comprador, Estados Unidos, además de tener presencia en otros 42 países, en su mayoría europeos.
Según la JIFE, los capos mexicanos, además de tener nexos con cárteles de Colombia, han tratado de ampliar su mercado no sólo en la venta de cocaína, heroína y mariguana, sino también en el cultivo de opio y en la fabricación de metanfetaminas a gran escala, tarea en la que echan mano de pandillas de zonas marginadas de México. Hasta el momento se estima que distintos grupos del crimen organizado en México han reclutado a unos 450 mil jóvenes miembros de pandillas para cumplir tareas de venta de droga, ejecuciones de rivales y traslado de enervantes.
Para el mercado estadunidense, según informes de la CIA y la DEA, la distribución callejera corre a cargo de los Maras, vinculados desde El Salvador y Honduras con capos mexicanos para trasladar la droga.
Aunque el gobierno de Estados Unidos cifra en 130 los cárteles del narcotráfico existentes en México, son nueve los que destacan por su peligrosidad y presencia en Estados Unidos y América Latina.
De acuerdo con un informe de la Procuraduría General de la República (PGR), las bandas más poderosas del crimen organizado en el país son: el Cártel de Tijuana, de los hermanos Arellano Félix, el Cártel de Colima, de los hermanos Amezcua Contreras, el Cártel de Juárez, herencia de Amado Carrillo Fuentes; el Cártel Sinaloa, de Joaquín El Chapo Guzmán y Héctor Luis Palma Salazar; el Cártel del Golfo, de Osiel Cárdenas; el Cártel del Milenio de los Valencia; el cártel de Pedro Díaz Parada, El Cacique Oaxaqueño; La Familia Michoacana, de Jesús Méndez Vargas, alias El Chango, Dionisio Loya Plancarte, alias El Tío, y Servando Gómez Martínez, alias La Tuta, y Los Zetas, grupo creado por ex militares de élite y dirigido por Heriberto Lazcano, alias El Lazca.
Asesinatos en América Latina
(Cifras por cada 100 mil habitantes)
El Salvador 61
Venezuela 48
Colombia 37
Belice 33
Jamaica 32
Brasil 25
Ecuador 19
Dominicana 16
México 15
Paraguay 12
Panamá 11
Estados Unidos 6
(Con información de BBC, CNN, Univisión, periódico El Tiempo
de Colombia, PGR y Secretaría de Seguridad Pública)
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