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El desencanto con Obama, el encanto con su mujer

Carta de Washington

Concepción Badillo • Washington, D.C.

wawis_obamas_badillo_161209_innerHace un año, todo mundo parecía endiosado con Barack Obama. Once meses después la luna de miel y el encanto empiezan a desaparecer y en las últimas semanas se le critica absolutamente por todo, lo que hace y lo que deja de hacer. El presidente parece no poder darle gusto a nadie.

No sólo se dice que su discurso justificando la guerra en Afganistán careció de argumento y de la pasión que se requiere para enviar jóvenes a combate, también se le critica por haber ganado el premio Nobel de la Paz sin haber hecho nada para merecerlo. Se le critica porque fue a recibirlo y, el colmo, porque no se quedó a las fiestas.

Las críticas en contra de Obama son también porque no viajó a Berlín para el 20 aniversario de la caída del muro, porque no destacó con una fuerte declaración los 30 años de la toma de rehenes estadounidenses en Irán, porque se dice que no se mostró lo suficientemente abatido con la matanza ocurrida en el fuerte Hood de Texas, porque dicen que no dedica suficiente tiempo y preocupación al alto índice de desempleo y porque no ha cumplido la promesa de avanzar con una reforma migratoria.

Pero eso no es todo, las críticas al mandatario son también porque se inclinó en caravana ante el emperador de Japón, porque permitió que el presidente de China censurara  preguntas en la rueda de prensa que juntos ofrecieron en Shanghai y porque no regresó con ningún gran éxito diplomático de su viaje por Asia.

Por si fuera poco, las críticas son también porque permitió que terroristas acusados de planear los ataques de 2001 sean juzgados en Manhattan como criminales comunes y no por tribunales militares, porque se tardó mucho en decidir qué hacer con las guerras y porque le ha dado demasiado control a los congresistas demócratas sobre su plan de salud.

Sin embargo, hay un punto por el que no se critica al presidente, al menos no públicamente, y ese es su esposa, Michelle Obama, quien está por terminar su primer año en la Casa Blanca con un índice de popularidad de 73 por ciento, 14 puntos más arriba que su marido, dando la impresión de que tiene contentos a casi todos.

Y es que la esposa del presidente llegó a Washington decidida a no cometer los mismos errores que tantas críticas le acarrearon durante la campaña, cuando se le describió como una mujer resentida que llegó a poner en peligro la candidatura del marido. Ella aprendió la lección y se ha mantenido al margen de opinar sobre política y sobre los graves temas que agobian a la actual administración.

Una mujer preparada, egresada de las prestigiosas universidades de Princenton y Harvard, desde su llegada a la Casa Blanca la señora Obama, de 45 años, se ha dedicado a organizar series musicales, a visitar a las familias de militares, a promover la alimentación sana, al combate de la obesidad, a retratarse en su  jardín orgánico y a pronunciar discursos sobre salud, familia y el balance de trabajo y hogar. Es decir, no habla de nada que pueda causar polémica.

La actual primera dama, que se convirtió en tal con sólo un 44 por ciento de aprobación, jamás ha dicho una sola palabra sobre temas controversiales tales como el aborto o el matrimonio homosexual. Bien sabe, como lo saben quienes le cuidan la imagen, que lo que diga será noticia y no faltará quien lo use en contra del presidente.

Aun así, no le han faltado algunas críticas, como cuando, supuestamente consciente de la crisis económica, acudió como voluntaria a repartir comida para los pobres, pero lo hizo llevando puestos unos llamativos zapatos tenis de la marca francesa Lanvin que cuestan 540 dólares. O cuando se convirtió en la primera esposa de un mandatario que aparece oficialmente en público descendiendo del avión presidencial vistiendo “shorts” o pantaloncillos muy cortos.

Pero hasta ahora su único error político ha sido cuando intentó lograr que se nombrara a su natal Chicago como sede olímpica en 2016. Viajó a Dinamarca y convenció al presidente de ir también, en una vergonzosa experiencia para ambos porque Estados Unidos nunca tuvo posibilidad alguna.

La primera dama ha tenido un buen año. Su mayor preocupación parecen ser sus hijas y la actividad social que viene con su posición. Si se le critica y se habla de ella es sobre su vestuario o su peinado, ella así lo decidió. Pero el presidente es él, y con dos guerras y un país en recesión no tiene mucho de donde escoger y sí graves críticas que recibir.

CBadillo@aol.com

Escrito por en 16 diciembre 2009. Archivado en * Info • Lente,Concepción Badillo. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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