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El verdadero Sebastián Piñera

Invasión Retrofutura

Andrés Pascoe Rippey


Mientras los editorialistas mexicanos celebran la asombrosa civilidad y parsimonia de los políticos chilenos ante su elección presidencial —sin duda admirable— me siento en la trágica obligación de recordarles qué es lo que realmente está pasando acá abajo. Porque los que festejan la “alternancia” pueden estar bastante equivocados.

Una ñora pinochetista que conozco dijo “ay, estoy tan feliz… es que es como si por fin dejamos de ser los malos de la película. Sí, po”. Su frase me resuena por dos razones.

Uno, porque a pesar de que Sebastián Piñera hizo campaña renegando de la dictadura, durante la cual se enriqueció e incluso prometió que no habría pinochetistas notorios en su gobierno, el pinochetismo considera que esta victoria les lava las manos.

Es como si la historia los hubiese perdonado, y olvidado lo que significó para miles y miles de personas la tortura, la persecución, la miseria y la humillación de la dictadura y ahora, mágicamente, el regreso al poder implica que ya no son los malos, ahora son los buenos. La derecha considera que, a pesar de que hipotecó su autoridad moral respaldando a una tiranía, se ha terminado ya la penitencia.

Dos, me llama la atención porque, en realidad, sí es una victoria suya. Piñera sabía que para ganar tenía que decirse de centro y repudiar a su sector, pero la ñora tiene razón: los chilenos le han dado un baño de pureza a los apologistas de la dictadura. Haya dicho lo que haya dicho, Piñera tendrá que darle a la UDI —el partido de ultraderecha chilena— varios puestos en su gabinete, que serán llenados casi con certeza por fieles al régimen militar. En primera fila están Joaquín Lavín y Pablo Longueira, ambos profundamente comprometidos con la dictadura. Hay muchos otros más.

En general, existe la creencia optimista que “no va a pasar nada” y que los cambios serán moderados. Es cierto que Chile es muy institucional y no puede uno simplemente hacer lo que se le dé la gana como en ciertos países que conocemos. Tampoco la sociedad recompensará un gobierno ultra conservador que le prive de libertades. Sin embargo, las señales que se han emitido en esta primera semana tras la elección son claras y no deben ser ignoradas.

Dos días después de ganar la elección, Piñera se reunió con la Cámara Nacional de Comercio. Los empresarios salieron felices, diciendo que ahora existía la posibilidad de realizar un “ajuste” al salario mínimo, que reduciría el ingreso para los trabajadores jóvenes entre 18 y 21 años. También aseguró que se reducirían las indemnizaciones a empleados despedidos. Las organizaciones de trabajadores condenaron la propuesta, y el gobierno también. Piñera guardó silencio.

Para lo que sí habló fue para proponer que se abriese Codelco — la empresa nacional del cobre— a recursos privados. En otras palabras, iniciar su privatización. Jamás habló de esto en campaña, pero le tomó dos días empezar a empujar esa agenda.

Al mismo tiempo, el presidente electo sufrió un “impasse” con un periodista de televisión. Iván Núñez, al ir a entrevistarlo, fue informado de que no tenía permiso de preguntarle a Piñera sobre uno de los temas más importantes del momento: la venta prometida de la Aerolínea LAN. El periodista se molestó y se negó a hacer la entrevista, pero fue el único. Todos los demás medios aceptaron la mordaza.

Y aquí lo más escandaloso: desde que ganó, las acciones que Piñera piensa vender han aumentado ¡177 por ciento! Los que saben, dicen que esta semana el presidente ganó entre 400 y 500 millones de dólares. Nunca ganar la elección fue mejor negocio. Al ser cuestionado por el secretario de Hacienda por no haber vendido antes, el presidente electo envió a uno de sus más rabiosos aliados — el senador Andrés Allamand— a literalmente mentarle su madre. Típica intolerancia reaccionaria.

Además, la UDI está exigiendo carteras claves en el gobierno, específicamente el Ministerio de Salud. De dársela, el presidente entregará a los ultracatólicos los programas de prevención del sida, de embarazos adolescentes, de seguridad sexual.

Por último, La Nación, el único diario de izquierda —que pertenece al gobierno— será cerrado. Así, Piñera está armado: gobernará con una prensa aliada y servil. No será vigilado ni hostigado por El Mercurio ni La Tercera, ni por los canales de televisión (uno de los cuales es suyo y NO lo va a vender).

Tiene mucha suerte: gracias a las políticas de Bachelet, recibirá un Estado con finanzas sanas, reservas gordas, planes sociales ya en marcha. Su primer año será de recuperación económica y se llevará todo el crédito. Todo lo que salga mal, lo echará sobre los 20 años de Concertación. Y que no quede duda: sus aliados de la UDI y RN seguirán empujando su agenda ultraconservadora como lo han hecho todos estos años.

Sin contrapesos, con dinero y sin voces críticas, podrá hacer lo que sea. Sí, señor. Tenemos derecha para rato.

apascoe@gmail.com

agarrabaguette.blogspot.com

Escrito por en 23 enero 2010. Archivado en * Info • Lente,Andrés Pascoe Rippey. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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