El jueves pasado se desprendió un nuevo bloque gigantesco de hielo de la Antártida, y empezó a recorrer los mares del sur sin rumbo fijo. Este trozo gigantesco tiene la mitad del área del estado de Colima, o una vez y media el tamaño del Distrito Federal. Recordará usted que hace un año y tres meses se desprendió un gran bloque de ciento cuarenta mil kilómetros cuadrados del extremo occidental de la Antártida.
A raíz de la publicación, el 4 de febrero de 2007, del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, se generó una inquietud entre los tomadores de decisión de todo el mundo acerca de la posibilidad real de que grandes ciudades costeras del planeta, Londres, Nueva York, Dacca, Amsterdam, Villahermosa, sufrieran desastres ecológicos impensados hasta ahora.
En el principio la atmósfera del planeta estaba llena de gases venenosos para la vida como el ácido sulfhídrico, el metano y el amoniaco, así como una gran cantidad de bióxido de carbono. El planeta tenía necesidad de generar una atmósfera rica en oxigeno que le permitiera a las primera células formar seres multicelulares, como por ejemplo los primeros moluscos que vivían en el mar.
En un paso gigantesco de la evolución, la naturaleza creó seres que pueden utilizar la energía del sol para retener el carbono del CO2 y liberar oxígeno. Esta fotosíntesis fue enriqueciendo poco a poco nuestra atmósfera con oxígeno. Los océanos fueron así un gran almacén de carbono en el fitoplancton y los arrecifes, liberando una gran cantidad de oxígeno a la atmósfera.
El planeta logró así una atmósfera que amortiguó los grandes cambios de temperatura que existían hasta entonces, para permitir el desarrollo de la vida superior sobre la superficie del planeta. La alerta de algunos científicos en los años cincuentas sobre el aumento de las concentraciones de bióxido de carbono en la atmósfera empezó a sacudir la opinión pública mundial acerca de las posibilidades de que el ser humano, por sus acciones, pudiera alterar un equilibrio tan amplio que pareciera infinito, como es el de la atmósfera. Las modificaciones en la atmósfera modifican las condiciones sobre la Tierra y sobre los océanos.
El peligro más grande para la vida es la pérdida de hábitat que provoca la pérdida de biodiversidad en el planeta. Se necesitan soluciones creativas e inmediatas para enfrentar el cambio climático.
Una nueva alianza para darle seguimiento a la sobrevivencia de las diversas plantas y animales del planeta se firmó recientemente en París, por parte de la Entidad Ambiental Global (Global Environmental Facility, GEF) del Banco Mundial, y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con un fondo inicial de 3.6 millones de dólares.
“El reto de la biodiversidad es un tema de la preocupación pública tan importante como el reto de la crisis del cambio climático”, declaró Monique Barbut, directora general del GEF. El organismo de financiamiento considera que este esfuerzo ayudará a colocar a la biodiversidad en el centro de la preocupación mundial, empujando a los tomadores de decisión a tomar acciones basadas en información de calidad.
Tanto PNUMA como el GEF introdujeron oficialmente el día 12 pasado la Alianza 2010 para los Indicadores de Biodiversidad durante los trabajos de la Convención sobre Diversidad Biológica en las oficinas centrales de UNESCO en París. Al finalizar estos trabajos quedó claro que gran parte de la biodiversidad de la Tierra está en riesgo de extinción debido a las presiones ejercidas por las actividades humanas sobre ella:
Una de cada cuatro especies de mamíferos, una de cada tres especies de anfibios y una de cada ocho especies de aves están seriamente amenazadas, de acuerdo a la Lista Roja de Especies Amenazadas, publicada por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, UICN.
Este nueva alianza de los Indicadores de Biodiversidad 2010 coordinará la entrega oportuna y la divulgación de un abanico de indicadores que midan el progreso para alcanzar la meta del 2010 de la Convención, que es: reducir significativamente la pérdida de biodiversidad para el 2010 . Esta meta quedó evidentemente muy vaga en el 2002. y se acordó con esta nueva alianza el “ponerle dientes”, midiendo el avance con información validada y oportuna.
Esto quiere decir, querida lectora, querido lector, que se reconoce por Banco Mundial y por Naciones Unidas, que no basta con las declaraciones y las buenas intenciones para detener el reloj del Ecocidio, sino que hay que enfrentar el reto inédito de la pérdida acelerada de vida en el planeta con datos duros, validados científicamente, y que los 189 países que suscribieron la Convención sobre Biodiversidad, asuman su responsabilidad, adjudicando presupuestos suficientes y haciendo partícipe a sus sociedades en la toma de decisiones, principalmente en los planes y programas para preservar hábitats amenazados.
México cuenta con dos organizaciones maravillosas y poco conocidas por nosotros, que están dedicadas en cuerpo y alma a la protección de nuestra biodiversidad. Son la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, Conanp, y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Aprovechamiento de la Biodiversidad, Conabio.
Ambas forman una pinza virtuosa, que por un lado realiza acciones concretas para evitar la pérdida de hábitats estratégicos en donde viven en armonía una gran cantidad de especies (Conanp), y por el otro proporciona la información científicamente validada para la toma de decisiones correcta en materia de protección a nuestra flora y fauna (Conabio). Pero para que verdaderamente puedan actuar efectivamente en contra de la extinción de especies, necesitan ser fortalecidas por nosotros, los ciudadanos.
Primero querida lectora, querido lector, debes conocerlas, a través de www.conanp.gob.mx y www.conabio.gob.mx, y luego debes escribirle a tus representantes, tanto locales colmo federales, para expresarles tu exigencia de que se les apoye a estas dos instituciones con recursos que todos aportamos, y que queremos que se destinen a conocer y proteger la riqueza extraordinaria de nuestra biodiversidad.
Los enormes trozos de hielo antártico que se encuentran deambulando, sin rumbo, por los océanos del sur son los gritos de una Madre Tierra que nos quiere hacer reflexionar obre la pérdida de la riqueza vital, la biodiversidad.
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