Esta ciudad está paralizada y el gobierno federal lleva tres días sin funcionar debido a las extensas nevadas que han caído sobre la capital del país más poderoso del planeta. Uno que, sin embargo, no puede controlar a la madre naturaleza y parece que tampoco a los que comen de más.
Y es que Estados Unidos, según las más recientes estadísticas mundiales, encabeza la lista de las naciones que más gente gorda tiene, con dos tercios de su población padeciendo sobrepeso y un tercio víctima de la obesidad.
De acuerdo a la misma Casa Blanca y a renombrados expertos en la materia, la obesidad aquí es una epidemia que no sólo afecta a las familias y a la productividad y la fuerza de trabajo, sino que amenaza la seguridad nacional, porque reduce la habilidad del país para defenderse y prepararse para desastres y emergencias. No en balde es la obesidad una de las principales causas que descalifican para alistarse en el servicio militar.
Sin embargo, el problema con la báscula no es exclusivo de los adultos. Uno de cada tres niños estadounidenses son obesos o tienen problemas de sobrepeso que los conducen a condiciones deplorables de salud, tales como presión alta, diabetes, cáncer, asma y males cardiacos.
“Pero si bien resolver el desafío de la obesidad infantil no será fácil ni rápido, sí es un problema que tiene solución” dijo esta semana Michelle Obama al anunciar el inicio de la campaña “Vamos a Movernos”, la cual no sólo busca cambios en los hábitos alimenticios y de ejercicio, sino que marca el debut oficial a nivel nacional de la primera dama como patrocinadora de una nueva política.
La esposa del presidente, quien admite que adora las hamburguesas y su debilidad son las papas fritas, está pidiendo que las escuelas públicas ofrezcan fruta y vegetales a los menores, que los refrescos exhiban en lugar más visible las calorías que contienen y que el gobierno ofrezca reducción de impuestos a las tiendas de abarrotes que abran sucursales en los barrios marginados de las ciudades.
La primera dama, que desde que llegó a la Casa Blanca hace un año se había mantenido prácticamente alejada de la vida política, limitando sus presentaciones públicas a eventos sociales, ha dicho que “no se necesita ser un genio para combatir la obesidad, no es como poner al hombre en la Luna o inventar el internet”.
Sin embargo, la nueva campaña de la señora Obama ha levantado gran controversia y críticas, sobre todos en los foros de internet, que van desde recomendarle que sea ella, quien mide 1.80 de estatura y usa talla 12, la primera en perder peso, hasta reacciones de grupos científicos que alegan que los kilos de más no son el único factor que influye en la condición física de los niños y llamarles gordos o hacerles sentir que lo son puede acomplejarlos y llevarlos a situaciones emocionales mucho más dañinas.
Por otra parte, conocidos analistas han puesto de relieve lo paradójico del caso, la gran contradicción de que siendo Estados Undos el país más rico del mundo y el que tiene más gente obesa sobre la Tierra sea también donde, de acuerdo al mismo gobierno, existen 50 millones de personas que no siempre tienen comida suficiente. Un país donde uno de cada seis habitantes en algún momento tiene hambre, siendo los más afectados familias hispanas y afroamericanas.
Y si bien el hambre aquí no es el tipo de hambruna que vemos en algunos lugares de África, el estudio realizado por el Departamento de Agricultura es alarmante, sobre todo porque en Estados Unidos abundan y sobran los víveres, tanto que otro estudio de la Universidad de Arizona reveló que en cada hogar estadunidense se desperdicia el 14 por ciento de la comida que se compra.
De hecho, la abundancia de alimentos se ha convertido en un problema social, político y de salud, siendo la pobreza la principal causa de la obesidad porque la comida en grandes porciones y rica en calorías siempre es mucho más barata y accesible. En plena recesión y con un 10 por ciento de desempleo, hay dudas de que muchos aquí, niños o adultos, puedan ponerse a dieta.
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