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Jaque en Arizona, falta el jaque mate

Aldea Global

Fran Ruiz


¿Y  ahora, qué? Un día después de que entró en vigor la ley Arizona, debidamente despojada de sus artículos descaradamente racistas, es tiempo de repasar la hoja de ruta, porque una batalla ganada no es una guerra ganada y esta guerra no la podemos perder: están en juego el futuro de millones de inmigrantes —la mayoría mexicanos—, y desde luego está en juego el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y México.

Es difícil imaginar el impacto que habría tenido de haber legalizado la jueza Susan Bolton la ley SB 1070 en su totalidad, convirtiéndose así en la primera en EU que autorizaría a un agente de policía a exigir documentos migratorios a quien considere “sospechoso” y arrestarlo en el acto en caso de no llevarlos encima. La imagen de los agentes del sheriff Arpaio en plena “cacería” de inmigrantes habría sido humillante e insoportable para la comunidad hispana, e intolerable para México, principal exportador de mano de obra al vecino del norte.

Peor aún que el impacto de una ley racista en ese estado fronterizo habría sido su onda expansiva: si la magistrada hubiera permitido la persecución de inmigrantes en Arizona, como pretendía la gobernadora de Arizona con su ley ¿cuántos otros gobernadores la habrían imitado, cuántos parlamentos estatales aprobado habrían sacado adelante leyes tan duras o más que la de Arizona?

Pero como el hubiera no existe podemos centrarnos en lo ganado hasta ahora, que no es poco. La jueza Bolton ha dicho básicamente dos cosas: la primera, que el gobierno federal, y no el estatal o el local, es el que delinea la política migratoria nacional, los otros dos poderes a lo más que pueden llegar es a impulsar normativas complementarias; y la segunda, que considerar “a priori” a alguien sospechoso por su aspecto o por no llevar consigo sus documentos de identidad o migratorios es inconstitucional, como denunció el gobierno de Obama en su demanda contra la SB 1070, tal como fue redactada en su forma original.

Por tanto, el fallo dictaminado por la Corte de Phoenix, que debe ser ratificado por los tribunales federales, es histórico, ya que bloquea la posibilidad de que otros estados imiten a Arizona, pero se trata de un jaque, no de un jaque mate, ya que la gobernadora Jan Brewer no ha perdido el tiempo y se ha lanzado al contraataque. Ayer recurrió el fallo de la juez a la Corte de Apelaciones y pidió, además, que mientras delibera este alto tribunal permita que entren en vigor los artículos racistas tumbados por la magistrada hace dos días. Ya lo advirtió la republicana: “la batalla no está perdida”, y si vuelve a perder en la Corte de Apelaciones recurrirá al tribunal de última instancia, la Corte Suprema de EU.

Tampoco desde el otro bando hay motivos para muchas celebraciones, especialmente en la Casa Blanca, impulsora de la querrella contra Arizona. El presidente Obama ha logrado que una juez federal sentencie que la política migratoria es cosa del gobierno central, pero su adversaria, la gobernadora de Arizona, ha convencido a la opinión pública estadunidense de que los inmigrantes son poco menos que narcotraficantes que cruzan la frontera sin que Washington haga nada por impedirlo. Con esta perspectiva, cada vez se hace más difícil que el presidente saque adelante su reforma migratoria, que legalizaría a once millones de indocumentados, y peor aún con unas elecciones legislativas en noviembre.

La partida, por tanto, sigue en el aire: por un lado las fichas —pongamos— negras, encabezadas por el presidente Obama y toda una corte de alfiles y peones formados por activistas hispanos, dispuestos a defender lo conquistado; y por otro, las fichas blancas, encabezada por la gobernadora Brewer y su fiel vasallo Arpaio. El jaque mate está aún en el aire.

fransink@yahoo.com

Escrito por en 30 julio 2010. Archivado en * Info • Lente,Fran Ruiz. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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