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La acrópolis agobiada

Platea Internacional

Guillermo Puente Ordorica


La crisis por la que atraviesa Grecia ha evidenciado las limitaciones de la comunidad europea. En su más reciente número, el semanario The Economist lamenta la lentitud con la que los países grandes de la Unión Europea han reaccionado para evitar la profundización de esta crisis, que entre otros riesgos, amenaza con extenderse a otros sitios del espacio europeo y resquebrajar el modelo económico comunitario.

A decir de varios comentaristas, la dirigencia alemana, que como se sabe es junto con Francia, el eje de la arquitectura comunitaria europea, ha sido renuente a intervenir decididamente en función de cálculos políticos internos ligados a elecciones venideras y al disgusto que entre los electores alemanes podría causar que su dinero se utilice para rescatar a un país, o más bien, a gobiernos, que han dado probadas muestras de ineptitud para conducir su economía.  Un elemento que ha sido poco discutido hasta ahora, dada la magnitud de esa crisis, es el tema de que las cifras sobre el verdadero déficit fiscal griego fueron manipuladas para dar una imagen de responsabilidad y cumplimiento de los compromisos que asumen todos los miembros de la Unión Europea.

A un nivel más general, esta crisis es delicada, aunque parezca lejana, para el sistema europeo en su conjunto, pues si bien Grecia no ha sido el único país miembro que ha dejado de cumplir los compromisos de la unión monetaria europea, trazada y acordada por ellos mismos, es evidente que el cumplimiento de buena fe de las obligaciones, no es suficiente para hacer navegar la barca europea, y probablemente tampoco para mantenerla a flote.  Ello a su vez, subraya la debilidad estructural de la Unión Europea, que a su ambicioso andamiaje económico y financiero, no corresponde una estructura política unificada, por encima de las soberanías nacionales de sus distintos integrantes. A pesar del importante tramo andado en materia económica, financiera, aduanal y comercial, entre otras, desde la creación de la Comunidad Económica Europea en 1957, con el Tratado de Roma,  en el plano político la Unión es más bien la suma de varios gobiernos que mantienen buena parte de sus capacidades de gestión y decisión a pesar de la cesión de soberanía en varios campos nacionales para dar forma a este importante experimento de integración regional.

Igualmente preocupante, resulta el hecho de que el esbozo de rescate de la economía griega, vuelve a adquirir el matiz, ya observado en muchas otras latitudes del mundo, de que es peor no hacer nada.  Ello pone en la cima de las prioridades la formulación de un nuevo plan de rescate económico y financiero —esta vez con el nombre escrito en griego—, así como la implementación de duras medidas de ajuste (saneamiento de las finanzas públicas,  desregularización de la economía, privatizaciones de empresas públicas, liberalización de la inversión privada, etc.), lo cual hace recordar recetas que se creía superadas vinculadas a la doctrina económica condensada en el Consenso de Washington de los años ochenta y noventa del siglo pasado, y que desde luego, auguran tiempos difíciles para la ciudadanía de ese país, por la impopularidad que reviste la aplicación de tales medidas.  En este aspecto, las mayores economías europeas, con Alemania a la cabeza, articulan conjuntamente con el Fondo Monetario Internacional un programa de rescate.

Otro factor de preocupación, desde una óptica política, es que del manejo de esta crisis dependerá en buena medida el futuro europeo, el cual se inscribe en el panorama general de crisis, seguida de una tímida recuperación de la economía mundial, o como lo han puesto algunos analistas, de recuperación económica, sin producción de empleo. Ya en la televisión el mundo ha podido atestiguar los destrozos de los inconformes griegos con la situación de su país, y el tono asumido por sus dirigentes, con un tinte digno de una comedia griega, al advertir que ante los hechos queda en las manos de la nación dar o no el salto al vacío.

No son claros, aunque pueden suponerse, los costos políticos y sociales de esta crisis para la propia sociedad griega, la cual hasta hace relativamente poco (en 2004) comenzó a ser gobernada por un partido conservador (Nueva Democracia). Una situación similar podría ocurrir de prolongarse esta crisis, a otros miembros de la Unión Europea, o a ella en su conjunto.

Más allá de que la tragicomedia griega ha puesto a la Europa comunitaria en una especie de jaque, y que mantiene visos de afectar a otros países en ese continente, pero también a otras economías, además de representar una dura prueba a los mecanismos de decisión europeos, interesa destacar si el proyecto ejemplar de integración europea podrá seguir su marcha o más bien supondrá un estancamiento a cualquier avance comunitario en el futuro por un plazo que parece aún impredecible. De hecho existen voces que han advertido que el propio experimento de la moneda única europea (euro) iniciado hace una década, corre serios riesgos de fracasar.

gpuenteo@hotmail.com

Escrito por en 11 mayo 2010. Archivado en * Info • Lente,Guillermo Puente Ordorica. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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