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La dolce vita de un sistema escolar

Carta de Washington

Cepción Badillo • Washington, D.C.

Al menos yo, crecí sintiendo cierta reverencia por la figura presidencial de mi país y creo que no hay nación en el mundo, independientemente de ideología o creencias, donde a los niños en edad escolar no se les inculque respeto y admiración por el mandatario en turno. Sin embargo, parece que en Estados Unidos no es así. O al menos no es el caso ahora que Barack Obama es presidente.

El asunto es que cada vez que Obama decide dirigirse a la población en edad escolar para darle la bienvenida al nuevo ciclo y alentar a los estudiantes a esmerarse, muchos padres se enojan, abundan maestros que se oponen y surge toda una controversia a nivel nacional que ha llegado al punto en que se dice que el mandatario pretende “indoctrinar” en los niños su agenda y pensamiento socialista.

La verdad es que en su discurso de inicio de clases el año pasado, y se espera que suceda igual en el que está anunciado para el próximo 14 de septiembre, el jefe de la Casa Blanca no hizo mención alguna de política y se concretó a urgir a niños y jóvenes a que estudien duro, que sigan en la escuela y se preparen para el futuro.

Y es que Washington está preocupado y busca una solución a los resultados negativos que está teniendo el sistema escolar en los menores, sobre todo, en aquellas minorías de bajos recursos y que según los expertos podría llegar a ser más dañino para la economía que la actual recesión.

La población estudiantil está regresando a las aulas después de tres meses de descanso, ya que tiene uno de los calendarios escolares más cortos del planeta, lo cual según muchos políticos, no contribuye en lo más mínimo a la prosperidad.

En Estados Unidos los niños van a la escuela 180 días del año, mientras en los países de Asia asisten por más de 200 y los europeos 195. Es decir, los alumnos alemanes estudian 20 días más y los surcoreanos y japoneses un mes.

Además de que aquí el día escolar es de aproximadamente seis horas y media, es decir 32 por semana, mientras que en Bélgica son 44, en Dinamarca 53 y en Suecia 60. Aquí la tarea no les lleva más de 60 minutos en comparación con las tres o cuatro horas que los niños chinos estudian en casa.

Según estudios científicos, vacaciones tan prolongadas actúan como un borrador mental, ya que en ellas el niño promedio tiende a olvidar un mes de clases en cualquier materia y lo equivalente a tres meses de instrucción en matemáticas.

Todo esto, de acuerdo a las autoridades, está dejando a los pequeños estadunidenses mal preparados para competir a nivel internacional y muy por debajo de estudiantes en otras partes del mundo que gastan menos dinero en educación.

Tan sólo en California, donde más de la mitad de los estudiantes que llegan a maestrías provienen del extranjero, las universidades estatales están enviando un tercio de los alumnos de recién ingreso a tomar cursos de regularización porque llegan mal preparados.

Tan alarmada está por el asunto la Casa Blanca que el presidente Obama ha pedido a las autoridades escolares que reprogramen sus actividades “ya que Estados Unidos no puede darse el lujo de seguir con un calendario escolar que fue diseñado cuando este era un país de granjeros que requería que los menores ayudaran en las tareas rurales”.

Sin embargo, no se espera que la situación cambie a corto plazo, no sólo porque la mayoría se resiste a creer que los estudiantes de otros países menos poderosos pueden ser mejores, sino también porque el gobierno federal tiene poca influencia sobre el sistema escolar, ya que cada municipio es independiente.

También porque existen grupos de poder, tales como los sindicatos de maestros y la industria de los campamentos de verano, poco interesados en que la situación cambie.

El problema ha acrecentado la desigualdad social, ya que la mayoría de las madres trabaja y con la marcada diferencia de horas entre el día escolar y el día laboral, los niños de familias con escasos recursos con frecuencia no tienen quién los cuide o los oriente al salir de la escuela; mientras que los ricos toman clases extras y se preparan para ser admitidos en las universidades. Irónicamente son éstas las mejores del mundo y las que más preparación y dinero requieren para ingresar.

Si esta vez a todos se les permite escucharlo, muchos menores podrían identificarse con Obama: no hubo padre ni dinero en abundancia, pero estudió, persistió y llegó a ser presidente.

CBadillo@aol.com

Escrito por en 1 septiembre 2010. Archivado en * Info • Lente,Concepción Badillo. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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