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La llamada nueva normalidad tras la recesión económica

Platea Internacional

Guillermo Puente Ordorica

La semana anterior concluyó con noticias contrastantes respecto a la recuperación que experimentan las principales economías del mundo tras la reciente crisis financiera internacional. La mayor parte de los analistas se ha abocado a analizar los efectos y las posibles proyecciones de los datos económicos disponibles, con particular atención a Estados Unidos, país al que se hace responsable de dicha crisis mundial, y en donde las perspectivas no son del todo optimistas, y de China, considerada ya la segunda economía del mundo, así como de Alemania por las elocuentes cifras de crecimiento económico que contrastan con las estadunidenses. Más aún, por su importancia política y práctica, está el tema de las diferentes políticas implementadas por los gobiernos estadunidense y alemán para el manejo de la crisis en el interior de sus países.

Por un lado, la economía estadounidense constituye el eje de la economía mundial, y como ya se dijo, también es responsable a los ojos de la opinión pública de la crisis reciente del sistema económico y financiero global. Por el otro lado, la recuperación alemana resulta importante ya que es considerada el motor de la Unión Europea, y sobre todo tras los episodios dramáticos por los efectos de la crisis en la zona euro, como en el caso de Grecia y que mantiene bajo la lupa a otros países como España, Irlanda y Portugal.

En el plano internacional, en términos comparativos ambos casos ilustran, a ojos de los analistas, los magros resultados de los esfuerzos de recuperación económica en Estados Unidos frente a la notable recuperación alemana como producto de enfoques distintos y, por lo tanto, de enfrentar y superar la consabida crisis.

Para cierto sector de la opinión pública especializada estadounidense, a pesar de que la noción de progreso y crecimiento son nociones enquistadas en la sociedad de ese país, probablemente la etapa actual esté dando lugar a una “nueva normalidad” vinculada a las endebles expectativas de recuperación y fundamentalmente ante la delicada cuestión del desempleo. A pesar de que en la psique social las crisis y recesiones no son sino desviaciones temporales de la tendencia natural del progreso del país, la actual etapa está dando lugar a esta nueva normalidad referida a una economía en la que el crecimiento es demasiado lento como para revertir las tendencias de la falta de empleos, en tanto que el gobierno se ve forzado a intervenir más que nunca frente a un sector privado agobiado. Los especialistas señalan que este periodo duraría de tres a cinco años.

En el campo simbólico, ello podría producir un fuerte impacto en el optimismo que ha caracterizado al sistema económico de ese país casi por antonomasia. Por ello, en lo político, los partidos políticos, marcadamente los demócratas y los republicanos, se verían obligados a replantear sus enfoques tradicionales con respecto al desempleo y otros temas sociales. No debe sorprender que en esta coyuntura y ante la parálisis de la economía nacional -aunque es lamentable- ciertos sectores políticos y sociales estén enfocando sus baterías hacia los flujos migratorios para culparlos de la lenta recuperación económica y de otros problemas asociados a ello.

El Departamento del Trabajo de ese país dio a conocer (7-agosto-2010) que en julio se perdieron 131 mil puestos laborales, y que el índice de desempleo se mantuvo en 9.5 por ciento en ese mes. Si bien la situación no empeoró, parece claro que es insuficiente no sólo para incorporar el crecimiento natural de la población en edad de trabajar, sino también para revertir el daño ocasionado por la crisis económica en cuanto a la pérdida de aproximadamente 9 millones de empleos.

De manera que la nueva normalidad tiene que ver no sólo con que los individuos se acostumbren a una realidad distinta, sino también a que el gobierno busque adoptar un nuevo papel en la resolución de los problemas. De un lado, están quienes sostienen que debe haber una inversión pública decidida en educación para capacitar no sólo a las nuevas generaciones y hacerlas más competitivas, sino también a aquellos trabajadores que perdieron su empleo, teniendo en cuenta en que mayor sea el tiempo que permanezcan inactivos mayor será el impacto en el deterioro de sus calificaciones laborales. Igualmente necesario es promover más recursos en nuevos proyectos infraestructurales y energías limpias para generar puestos de trabajo y estimular la demanda. De otro lado, están los que señalan que el gobierno debe abocarse a la generación de empleos para revertir las tendencias actuales y evitar que se ahonde la brecha social y económica. Los cálculos del gobierno apuntan a que la tasa de desempleo disminuya a 8.7 por ciento hacia finales de 2011, y eventualmente a un 6.8 por ciento al término de 2013. Sin embargo, para conseguir esos niveles se tienen que crear 300 mil empleos mensuales en promedio en los próximos tres años. El problema es mayor si se asume que la premisa del sistema de seguridad social estadunidense se basa en que el desempleo es tradicionalmente de corto plazo, y tampoco tiene una estructura sólida del tipo europeo.

En el caso de Alemania se ha registrado una recuperación trimestral de 2.2 por ciento, la cual es la tasa más alta desde la reunificación alemana operada hace veinte años.  Si el índice se mantiene en esos niveles, el crecimiento de la economía se situará en cerca de 9 por ciento anual. Estas cifras reforzarán la convicción de que los trabajadores y las compañías alemanas hicieron los sacrificios necesarios en años recientes, a diferencia de sus socios europeos que desistieron de ello.

En materia de formulación de políticas, reforzaría la certeza alemana de que la receta adecuada para enfrentar la crisis y sus efectos es ésta y no la aplicada en Estados Unidos. De manera breve, el programa del gobierno alemán consistió en crear incentivos a las empresas para mantener a los trabajadores empleados, en lugar de tener que enfrentar el problema una vez que fueran despedidos. Con ello, alentó a los empleadores a dar licencias u ocupar a los trabajadores por menos horas en lugar de dejarlos sin empleo. También flexibilizó las reglas para contratar y despedir, así como para un manejo adecuado de los salarios. De la misma manera, la recuperación alemana se explica por la reorientación de su economía hacia la exportación, lo cual dicho sea de paso, corresponde a un proceso iniciado en el periodo de Schroder, antecesor de la actual canciller Ángela Merker.  Se estima que las exportaciones alemanas aumentaron casi 30 por ciento en junio de este año respecto a junio de 2009.

En términos comparativos, los analistas estiman que el conjunto de políticas implementadas por Merkel parece más acertado y haber resuelto en su favor la disputa estímulo económico versus austeridad. Debe recordarse que el gobierno alemán se resistió a utilizar el paliativo del gasto gubernamental durante la recesión, a lo cual recurrieron sus socios europeos y estadounidenses al sentir que era crucial para restablecer el crecimiento económico.

Si bien el concepto de la nueva normalidad está siendo utilizado por especialistas para describir la realidad estadounidense, puede sugerirse que en buena medida el conjunto del sistema político, económico y social deberá acoplarse a una nueva realidad para superar las diferentes crisis por las que atraviesa el mundo.

gpuenteo@hotmail.com

Escrito por en 17 agosto 2010. Archivado en * Info • Lente,Guillermo Puente Ordorica. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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