
La reunión de los negociadores de distintos países en Bonn es la primera que se realiza después de Copenhague.
Me encuentro en estos momentos en Bonn, Alemania, asistiendo a la conferencia preparatoria de cambio climático que se llevará a cabo en diciembre próximo en Cancún, México. Recordarás, querida, querido lector, que en noviembre y diciembre pasados escribí diariamente sobre la ruta a Copenhague, donde se celebró la COP15 (Conferencia de las Partes 15), la quinceava negociación de los gobiernos desde que en 1992 se estableció la Convención Marco sobre Cambio Climático por parte de las Naciones Unidas en la “Cumbre de la Tierra”, en Río de Janeiro. Al final de la COP 15 escribí:
“Chistoso el ser humano: se le entrega la vida en charola de plata y no se da cuenta de la trascendencia de ello. La maravilla de esa misma vida es que nos da la oportunidad de reconocer con humildad y rectificar. Esperemos que no sea demasiado tarde. Cuando existe la suficiente bondad, honestidad y entrega, siempre triunfa el amor. Y este puede ser avasallador, creativo, alegre y ¡edificante! El amor por nuestro planeta nos está dando una segunda oportunidad, oportunidad de crear una nueva humanidad, humanidad plena, que se libere, se empodere, sea auténtica. Estoy últimamente tan convencido de esto, querida, querido lector, que no pasa un minuto de tiempo despierto que no piense en ello. Imperfectamente, estoy deshojando las imperfecciones y carencias construidas en tantas décadas de justificar errores para encontrar la verdadera esencia, lo auténtico de Luis Manuel Guerra. El viernes pasado (apenas anteayer), todos los indicadores marcaban el fracaso de Copenhague. Se hablaba ya abiertamente de que terminarían las sesiones sin ningún tipo de acuerdo, y que se decidiría posponer todo hasta la Conferencia de las Partes (COP 16) en México, en noviembre del próximo año. Lo que se vislumbraba como una salida técnica a la falta de consensos iba a tener un efecto devastador en la opinión pública mundial. De pronto se ejerce liderazgo, por parte de Barack Obama y se llega al mejor acuerdo posible dentro de las circunstancias.”
Pues no se decidió posponer todo hasta la COP 16 en nuestro país, sino que se convocó a una reunión preparatoria de alto nivel en Bonn, Alemania, para “planchar” el camino a Cancún, y que no sucediera lo mismo que en Copenhague: tratar en dos semanas con la fortísima presencia mediática de los líderes del mundo, de llegar a acuerdos complejos que deben cambiar el rumbo de la economía y la política globales. Habla bien de las Naciones Unidas el convocar a esta reunión intermedia (preparatoria, como se le ha nombrado), y “ponerle tuercas a los tornillos” para no confrontar a los jefes de Estado y de gobierno del mundo a firmar en unos pocos días acuerdos que trascienden sus mandatos. Por eso he llamado a esta página “La ruta CBC de la Supervivencia”: La ruta Copenhague-Bonn-Cancún, en la cual verdaderamente definiremos los seres humanos el camino para garantizar nuestra supervivencia en el planeta. Pero quisiera resaltar el hecho de que nuestro país, México, está jugando un papel principal en estas negociaciones, y está jugando bien, dentro de las grandes ligas. Estamos en casa tan inmersos en los avatares de definir el rumbo del nuevo México del siglo XXI, que no nos damos cuenta, o los medios en general no quieren ver más allá del sensacionalismo y estridentismo de un México convulso, que se nos escapa la contribución que estamos haciendo como pueblo al mundo: Nosotros somos los únicos dentro de los grandes países emergentes (China, India, Indonesia, Sudáfrica, Brasil y México) que ha entregado a tiempo y en forma sus cuatro Comunicaciones Nacionales previstas en el Protocolo de Kioto sobre sus propias emisiones de gases efecto invernadero (GEI), con un compromiso de reducir en 50 millones de toneladas de CO2 por año su contribución al calentamiento global. Estos hechos le valieron a nuestro país el honor (y la responsabilidad) de albergar a la COP16. No es un hecho menor, debemos de estar a la altura de esta encomienda, pero a la vez sentirnos orgullosos de ser un actor principal en el teatro de las naciones para encaminar al mundo hacia una nueva forma de relacionarnos con la naturaleza y con nosotros mismos como especie. Yvo de Boer, el gran negociador holandés que ha presidido durante muchos años la Convención Marco sobre Cambio Climático de la ONU, y que acaba de dejarle la responsabilidad (el costo humano de estas negociaciones es muchas veces inhumano) a Cristina Figueres de Costa Rica, expresó en la reunión preliminar a esta de Bonn, la cual fue por cierto presidida conjuntamente por la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente Felipe Calderón a principios de este mes, lo que está en juego aquí en Bonn:
“Excelencias, ministros, damas y caballeros:
Ante un reto, busquen una forma de superarlo, no una forma de eludirlo. Y por eso quiero dar las gracias a los gobiernos de Alemania y de México por organizar este evento tan importante”.
Sin duda, después de Copenhague es necesario encontrar una forma inclusiva y pragmática de avanzar de cara a Cancún y de cara al progreso siguiendo la Hoja de Ruta de Bali.
Copenhague terminó con un resultado que sólo respondía parcialmente a las grandes expectativas para la conferencia.
Pero impulsó considerablemente las negociaciones sobre la infraestructura necesaria para el buen funcionamiento de la cooperación internacional en relación con el cambio climático, por ejemplo con mejoras en el Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kioto.
Las negociaciones casi llegaron a un acuerdo sobre un paquete de medidas de adaptación, un nuevo mecanismo tecnológico, un marco de fomento de la capacidad y una estructura de gobernanza para la financiación.
Por supuesto otro fruto de la conferencia fue el Acuerdo de Copenhague. Puesto que no tiene condición jurídica en el proceso, es una clara carta de intención política de limitar las emisiones de carbono y responder al cambio climático, tanto a corto como a largo plazo.
Todos los países desarrollados, es decir, los que tienen compromisos cuantificados de reducción de las emisiones en virtud del Protocolo de Kioto, han presentado sus metas para 2020 con varios años de referencia.
Treinta y seis países en desarrollo han comunicado información sobre sus planes de mitigación, ya sea en términos de la economía en su conjunto o de medidas concretas.
Por último, Copenhague elevó la política del cambio climático a un alto nivel político, donde debe estar, y donde debe permanecer para hacer verdaderos progresos. No obstante, es necesario que la participación a alto nivel se organice de manera más eficaz.
En los últimos dos años ha habido muchas reuniones ministeriales. Pero la participación de los ministros no se ha reflejado en el proceso de negociación. En algunos casos, los negociadores estaban mercando posturas distintas a las de sus ministros.
En otros, las delegaciones han dicho que la intervención de sus ministros es una distracción que retrasa todo más que ayudar. El valor de su participación inicial, señores ministros, ha sido cuestionado.
No piensen que sin su participación será posible progresar o tomar decisiones en Cancún. Para que su participación sea más eficaz, puede que lo mejor sea no limitarla a una reunión «previa a la COP» o a los dos últimos días de la COP.
Y es imprescindible que den orientación política a los negociadores en casa.
Su participación al principio del proceso es importante porque hay una serie de cuestiones clave que hay que impulsar y resolver a un alto nivel político.
La Ruta CBC debe ser un camino hacia el desarrollo sustentable, y no hacia el despeñadero, ¿no crees, querida, querido lector?
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