Con los avances tecnológicos que experimentamos día a día, las maravillas arquitectónicas por donde nos movemos y habitamos o las complejas estructuras sociales de las que somos parte, no dejo de sorprenderme gratamente cuando, con un nombre o una frase, mi cerebro deja fluir una catarata de recuerdos que rememoro con alegría y nostalgia.
Ayer se cumplió un aniversario más del natalicio de Antoine de Saint-Exupéry, pionero de los vuelos postales internacionales pero reconocido mundialmente por su obra literaria.
Escritor y aviador francés nacido en Lyon, estudió en la Universidad de Friburgo, ingresó en la fuerza aérea francesa en 1921, y en 1926 se hizo piloto comercial. Sus dos primeros libros, Correo del Sur (1929) y Vuelo nocturno (1931), por el cual recibió el premio Fémina, —uno de los grandes premios literarios franceses fundado en 1904 por Madame C. de Brotecelles con el nombre de Prix Femina-Vie Heureuse, y se entrega el primer miércoles de noviembre en el hotel Crillon, por un jurado compuesto exclusivamente por mujeres, se otorga el mismo día que el premio Médicis— se caracterizan por la evocación poética romántica de la disciplina del vuelo, que exige el cumplimiento del deber aun cuando se arriesgue la propia vida. Sus obras posteriores, como Tierra de hombres (1939) y Piloto de guerra (1942), hacen hincapié en la filosofía humanista que marcó su vida.
Durante la II Guerra Mundial Saint-Exupéry se incorporó de nuevo a la fuerza aérea. Su avión fue abatido y el piloto logró escapar a Estados Unidos; posteriormente se incorporó a las tropas de la Francia Libre. Durante una misión de reconocimiento por el sur de Francia su avión desapareció y nunca volvió a encontrarse. Sus cuadernos de notas, reunidos bajo el título de Ciudadela (1948), se publicaron póstumamente.
Sus obras son: El aviador (L’aviateur) 1926, Correo del Sur (Courrier du Sud) 1928, Vuelo nocturno (Vol de Nuit) 1931, Tierra de hombres (Terre des Hommes) 1939, Piloto de guerra (Pilote de Guerre) 1942, Carta a un rehén (Letter to a Hostage) 1944, El principito (Le Petit Prince) 1943, póstumas: Ciudadela (Citadelle) 1948, (Lettres de jeunesse) 1953, (Carnets) 1953, (Lettres à sa mère) 1955, (Écrits de guerre) 1982, (Manon, danseuse) 2007 y (Lettres à l’inconnue) del 2008.
Le petit prince, El principito, es una excepción en su carrera de escritor y a su vez, su libro más famoso. Es un relato poético ilustrado donde relata su experiencia cuando tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara, en la parte de Libia, durante una competencia por hacer el tiempo más corto entre París y Saigón; durante 4 días él y su navegador, Andre Prevot, sólo se alimentaron con uvas, dos naranjas y un poco de vino, sufriendo deshidratación y alucinaciones, hasta que fueron rescatados por un beduino quien les salvó la vida.
De esta vivencia nació El principito, una fábula para adultos donde se tratan temas tan profundos como el sentido de la vida, la amistad y el amor. Fue publicado por primera vez en Estados Unidos en 1943 y hasta la fecha ha sido traducido a ciento ochenta lenguas y dialectos. El narrador queda varado en el desierto y conoce al principito, un niño proveniente del asteroide B612, en el que hay tres volcanes (dos activos y uno no) y una rosa.
Existe un sitio donde puedes leer el libro completo: www.agirregabiria.net/Principito/ con ilustraciones incluidas y en wikiquote encontramos una recopilación de varias citas del libro, cada frase una metáfora, aunque la que liberó este comentario es la que más persiste en mi cotidianidad:
“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.”
blanca
15 marzo 2010 en 18:27
saludar
blanca martinez arreguin
15 marzo 2010 en 18:45
me encanta el libro de el principito
María de la Luz Rojas Romero
30 mayo 2010 en 20:38
“El principito ha sido uno de mis libros preferidos, y literatura básica para mí formación actual. Creo que una persona es el resultado de la lectura que le aliméntó cuando niño.
Quien ha leído “El principito” y lo ha entendido; difícilmente puede ser un analfabeta ( de entrada) y si lo ha procesado en su interior, no puede ser un insensible.
“Lo escencial es invisible a los ojos, sólo se ve con el corazón” es la frase que en la vida me ha acompañado. Por lo que encuentro eco en éste artículo.
Saludos.