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Los anulados, siete meses después

Invasión Retrofutura

Andrés Pascoe Rippey

Sietemesinos / Atelier du Soleil

A menos de que el presidente Calderón tenga un corazón de carbón —lo que bien puede ser—, su diálogo público en Ciudad Juárez tuvo que haber sido uno de los momentos más duros de su gobierno. Ver a las madres reclamarle que haya acusado injustamente a sus hijos muertos de ser pandilleros, enfrentar la dura realidad de ser el jefe de un gobierno en el que suceden masacres y no se logra parar la violencia, tiene que haber dolido.

Sé que para el Presidente no hubo día más oscuro que la muerte de su delfín y amigo Mouriño, pero la verdad es que esa tragedia fue, en términos humanos, mucho menor que esta. Un accidente —supongo que lo fue— como ese es terrible y lamentable, pero los accidentes pasan en cualquier parte. Las masacres no. Las masacres pasan en los lugares donde la ley ha dejado de existir, donde no hay justicia y donde se impone la ley del más fuerte. Suceden donde el gobierno no está haciendo su trabajo. Y por eso, entre muchas otras razones, es que el presidente Calderón debe haber lamentado y sufrido las lágrimas de las madres de las víctimas de Juárez.

Ellas encarnan, como pocas otras personas, el fracaso de este gobierno. Junto con Calderón, sin embargo, ha fracasado toda una generación de la clase política, como otros muchos analistas lo han señalado ya en otros espacios.

Pero es también un fracaso de las fuerzas democráticas de México, que en los últimos tiempos se volvieron igual de mezquinas y limitadas que esos políticos rancios que tanto y tan fácilmente criticamos. Y la falta de opciones políticas no puede ser adjudicada solamente a los políticos, sino también a una sociedad que es muy buena para condenar a todos, pero muy mala para crear espacios democráticos funcionales.

En otras palabras, qué bien nos quejamos. Qué mal resolvemos.

Han pasado ya siete meses desde la última elección legislativa, en la que el PRI logró un avance sorprendente que lo puso en camino directo para regresar a Los Pinos. Ha pasado más de medio año desde que el PAN retrocedió y el PRD se colapsó. Y más de medio año en que un sector del llamado “Círculo Rojo” llamó a votar nulo, con la promesa explícita de que ese voto haría del nuestro un mejor país.

Desde la última elección, el progresismo ha sido borrado del mapa político mexicano. Estado tras Estado, leyes antimujeres son aprobadas, con el beneplácito silencioso de los anulistas. Hoy en día más de 50 mujeres —¡cincuenta!— están en prisión y no hay un solo partido político que pueda darles voz ni voto.

El proceso de reacción que vive nuestro país hoy es dramático y tiene responsables. Hoy, a causa del ataque contra un futbolista, se condena la vida nocturna. Hoy, a causa de un ataque imperdonable a una fiesta juvenil, se acusa a los adolescentes de ser pandilleros. Hoy, las mujeres son encarceladas por negarse a tener hijos no deseados. Y hoy, ironías del destino, es justo Calderón el que propone reformas políticas que son automáticamente fundidas en el Congreso legítimamente electo.

Ese es el México que los anulistas contribuyeron a crear. Un México con más silencios, más informal y más débil. Un México en el que el PRI es fuerte y no hay progresismo formal.

¿Hay alguien que hoy pueda decir, sin morderse la lengua, que el anulismo sirvió de algo, llegó a alguna parte? ¿Se puede jactar algún anulista de estar contribuyendo a un mejor país? ¿O simplemente tienen hoy el placer de la llamada Generación del No, al decir Yo también impedí algo?

Veo a editorialistas condenar, cuestionar y quemar viva a nuestra clase política, y con razón. La asombrosa ironía es que no se dan cuenta de que son parte de ella. Son activos miembros de la construcción de la parálisis y tragedia mexicana. Si bien entiendo sus ganas de darles una lección a los políticos, sigo pensando que su victoria es pírrica, ya que no sirve para nada.

Las mujeres que valiente y dolorosamente confrontaron a Calderón en Juárez le dieron al Presidente un baño de humildad. Pero ese baño es merecido por toda la clase política mexicana, incluyendo a aquellos que sabotearon el progresismo mexicano.

Cargarán con esa cruz histórica. A menos de que tengan un corazón de carbón… lo que bien puede ser…

apascoe@gmail.com
agarrabaguette.blogspot.com


Escrito por en 13 febrero 2010. Archivado en * Info • Lente,Andrés Pascoe Rippey. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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