Jean-Paul Gaultier viajó a México con la imaginación, el cine, la música y la literatura para crear una aplaudida colección alta costura primavera-verano 2010 y llenar sus salones de inspiración maya, de conquistadores, de mariachis y de Mel Gibson, pues todo comenzó para él en Apocalypto (2006) .
Al término de su desfile, el gran modista francés comentó a la prensa que su último viaje a México data de hace unos treinta años, y anunció su intención de volver “con otros ojos” , con una “nueva visión” , convencido “de que le va a gustar mucho”.
Todo México lindo y su historia se dieron cita en su pasado desfile de modas, abriendo con la tradicional ranchera en honor del país y cerrada en vivo por Arielle Dombasle con Cucurrucucú paloma.
Portaba un gran sombrero a juego con un vestido rojo de amplio vuelo de tul de seda naranja, con aplicaciones de bordados de cintas coral y top color carne, bordado de coral, como el sombrero, recubiertos de cintas del mismo color y adornado con “attrapes-rêve” (atrapa-sueños) suspendidos.
La interpretación de Dombasle fue perfecta, pues la también actriz, ex modelo, productora y guionista es nieta del embajador de Francia en México, Maurice Garreau-Dombasle.
Sonriente con la prensa, el artista comentó su pasión por Apocalypto, filme que le encantó de inmediato y le hizo pensar en esta colección, llena de vestidos “naturaleza”, vegetales, ecológicos, de jungla, con etéreos trenzados e incrustaciones y bordados de piedras multicolores y perlas.
La hoja de palmera fue siempre un ornamento esencial, bordada de rojo sobre un vestido túnica degradado de amarillo a azul; recién salida del árbol colocada en la cabeza o portada como abanico en una mano; o de tela construyendo la falda de un conjunto.
Las mujeres conquistadoras, dulcificadas por voluminosas enaguas blancas que surgían por los laterales de los pantalones, vestían de cuero y de marrón.
La misma idea acompañó el primer modelo de la colección, titulado Mariachi Tequila, una cazadora vaquera bordada con pequeñas láminas de cobre, a juego con una falda larga, casi un delantal, bajo otra voluminosa enagua de tul de seda marfil.
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