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Obama y el desamor

Carta de Washington

Concepción Badillo • Washington, D.C.

Es la historia de un amor que se agrió. El romance entre el presidente Barack Obama y los liberales que creían haber encontrado al hombre de sus sueños se terminó. La luna de miel fue muy fugaz y la paciencia se acaba también.

Primero la derecha le dio la espalda, ahora lo abandonan muchos de aquellos que tanto lo aclamaron y creyeron en él. Ya quedó atrás la sorprendente victoria que lo llevó a la Casa Blanca con el 53 por ciento del voto popular, el más grande triunfo presidencial demócrata en décadas.

Cuando Obama tomó posesión en enero de 2009 prometiendo cambio y soluciones, recibió un apoyo público sin precedente, incluyendo el respaldo de muchos que no votaron por él, pero decidieron darle la oportunidad. La desilusión empezó hace un año y hoy ha llegado a un punto crítico con las más recientes encuestas otorgándole un escaso 44 por ciento de aprobación y 48 por ciento en contra.

El desencanto con el presidente ha llegado a tal grado que la Casa Blanca ha decidido que la mejor manera de ayudar a que los congresistas demócratas ganen en las elecciones de noviembre es que no se ligue a Obama con ellos y que el jefe del Ejecutivo no se aparezca ni haga campaña en los distritos donde hay más peligro de que el triunfo se lo lleven los republicanos. ¡Ahora sí que no me ayudes, compadre!

Y es que si bien el disgusto por el presidente tiene mucho que ver con el hecho de que la economía no ha mejorado y el desempleo es todavía de 10 por ciento, también es porque Obama ha cumplido poco de lo mucho que prometió.

Hay quienes piensan que Obama simplemente no está haciendo el trabajo para el que fue electo. No parece completamente enfocado en la economía y la falta de trabajos, gran parte de la política exterior la ha dejado en otras manos, sus planes para nuevas leyes sobre cambio climático están a un lado y definitivamente no promoverá una reforma migratoria en lo que resta del año.

Logró, eso sí, una nueva legislación para reformar el sistema de salud, algo que se creía imposible, pero esto le costó popularidad, un gran capital político y aún más división entre sus conciudadanos.

Veinte meses después de que Obama llegó al poder, Estados Unidos aún combate dos guerras y si bien en Irak empieza la retirada, en Afganistán se incrementan las tropas. La prisión de Guantánamo sigue abierta sin que se vislumbre posibilidad alguna de cerrarla, ya que el Congreso dictaminó que ninguno de los prisioneros puede ser trasladado a territorio estadunidense; los dimes y diretes con Irán siguen sin llegar a nada, mientras la paz en Oriente Medio está más distante que nunca.

Por su parte, los tradicionales aliados europeos que tan fascinados estaban con Obama, a quien consideraban un hombre de intelecto y magnetismo fuera de serie, ahora se quejan tras bambalinas de que su socio en Washington los trata con indiferencia, poco interés y desdén.

Sus adversarios dicen que el presidente seguramente pasa demasiado tiempo leyendo blogs y viendo televisión. Esto, luego de que la semana pasada uno de sus críticos subió a internet un video editado mañosamente de una funcionaria de raza negra del Departamento de Agricultura, Shirley Sherrod, quien supuestamente admitía haber discriminado a un granjero blanco, por lo que fue inmediatamente despedida por órdenes de la Casa Blanca, que no se molestó en checar si el asunto era verdad.

Al final resultó que no era cierto y el mismo presidente tuvo que llamar a la mujer para disculparse, poniéndose de relieve el temor de su administración a las controversias raciales y a los medios de derecha.

Según sus opositores, el Presidente y la primera dama son demasiado aficionados a los eventos de gran gala, lujosas vacaciones y a elitistas reuniones y conciertos en la Casa Blanca con celebridades de Hollywood, que demuestran lo desconectados que están con el norteamericano promedio.

Quienes defienden a Obama dicen que tiene un gran carisma y dotes de oratoria que ningún republicano posee. Sostienen que en lo personal el mandatario sigue siendo muy popular y que el descontento es sólo con algunas de sus políticas. Confían en que una vez que la economía se recupere, el disgusto pasará.

Obama cumple este miércoles 49 años. Lo pasará en Chicago, donde más vale que la fiesta sea buena y que aún sea querido, porque el boleto para asistir al festejo cuesta 30 mil 400 dólares por persona, que serán destinados a las arcas de su partido. Suerte y feliz cumpleaños, Mister President!

CBadillo@aol.com

Escrito por en 4 agosto 2010. Archivado en * Info • Lente,Concepción Badillo. Puede seguir cualquier respuesta a esta nota con RSS 2.0. Puede dejar una respuesta o un trackback a esta nota

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