El investigador de la UNAM Alejandro Estrada señala que el número de individuos de los grupos araña, aullador negro y aullador de manto se diezmaron significativamente desde 1980
La mitad de las 643 especies conocidas de monos y gorilas está en peligro de extinción. En algunos casos, como el lemur grande de bambú (Prolemur simus), que habita en Madagascar, únicamente quedan 140 individuos libres. El fenómeno de muerte masiva se ha acelerado a partir de 1980, según dos estudios elaborados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Universidad de York, Inglaterra.
En México, el Laboratorio de Primatología del Instituto de Biología de la UNAM calcula que tres especies de monos que viven en el país (araña, aullador negro y aullador de manto) han visto mermada su población en un 80 por ciento desde 1980. No sólo mueren por la cacería y captura, sino por la destrucción de su ecosistema, pues la fragmentación de la selva les impide alimentarse y reproducirse adecuadamente.
En la edición más reciente de la revista científica American Journal of Primatology, la Universidad de York presenta las conclusiones de un estudio realizado en las montañas de Tanzania, donde se estudió la distribución y estado de salud de siete especies de primates, distribuidos en una extensión de 10 mil kilómetros cuadrados.
El resultado de estos análisis, publicados por el doctor Andrew Marshall, indica que aunque los seres humanos no destruyan totalmente la selva y el bosque donde viven los monos y gorilas, cada asentamiento humano a las orillas de estos ecosistemas tiene impactos en una extensión de 40 kilómetros cuadrados. Donde llegan los humanos, se rompen las relaciones normales entre especies provocando dificultades para obtener alimentos y refugios.
Este estudio coincide con una investigación de cinco años sobre el estado de las poblaciones de primates a nivel mundial, patrocinado por cuatro organizaciones: Conservación Internacional, la Fundación Margot Marsh Biodiversity, Animal Kingdom de Disney y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
La investigación encontró que cerca de 50 por ciento –317– de las 634 especies conocidas como primates están en peligro de extinción, con base en los criterios de la Lista Roja de Especies en Peligro de la UICN. En Asia, más de 70 por ciento de los primates ha sido clasificado dentro de la Lista Roja, lo que significa que podrían desaparecer para siempre. En países como Vietnam y Camboya el 90 por ciento de los monos ha desaparecido.
En otros lugares del mundo, desde los pequeños lémures hasta los gorilas de montaña enfrentan retos para su supervivencia. En África, 11 de las 13 clases de monos colobos rojos evaluados fueron listados como “en peligro crítico” o “en peligro”. Dos de estas especies pueden estar ya extintas: el colobo rojo de Bouvier (Procolobus pennantii bouvieri) no se ha visto en 25 años, y ningún colobo rojo de Miss Waldron (Procolobus badius waldroni) ha sido visto vivo por un primatólogo desde 1978, a pesar de ocasionales informes de que algunos han sobrevivido.
MÉXICO
El grupo más consolidado de estudio de primates se ubica en la Estación de Biología Los Tuxtlas de la UNAM. Ahí, un grupo de 12 expertos, coordinado por Alejandro Estrada, ha retratado el estado actual de las tres especies de monos que habitan las selvas del país: el mono araña (Ateles geoffroyi), el aullador negro (Alouatta pigra) y el aullador de manto (Alouatta paliata). De acuerdo con las investigaciones de esos expertos, agrupados en el Laboratorio de Primatología del Instituto de Biología de la UNAM, en menos de tres décadas la distribución de estas tres especies de primates se ha reducido en 80 por ciento. El diagnóstico se basa en análisis de mapas de vegetación y en fotos satelitales de 1980 a 2005.
Las mayores poblaciones de monos identificadas en México están en el sur de Veracruz, Chiapas, Tabasco y Yucatán. Sin embargo, el diagnóstico de la UNAM señala que su estado de salud no es el óptimo, pues en la mayoría de los casos se trata de colonias con pocos individuos que viven en algo que se podría describir como islotes de selva, rodeados de potreros y ranchos ganaderos.
A diferencia de lo que ocurre en Asia y África, donde hay especies de monos que son terrestres y se pueden desplazar en busca de comida aunque no haya árboles, en México todas las especies son arbóreas. Si se corta la selva se separa a familias y se evita que haya intercambio de individuos y reproducción entre familias lejanas.
El tráfico de primates para mascotas en el DF
Según el estudio “Primates como mascotas en la Ciudad de México”, publicado en 2003 por Alejandra Duarte-Quiroga, en co-autoría con Alejandro Estrada, existen más monos enjaulados en casas del Distrito Federal que en algunas de las selvas del país.
El estudio fue patrocinado por la UNAM, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y el zoológico de Cleveland, y se detectaron a 179 dueños de primates, de 12 especies diferentes. Desde luego había de los tres grupos mexicanos, pero también había otros nueve, originarios de Sudamérica, Asia y África; 67 por ciento de los primates descubiertos era mono araña y 15 por ciento mono aullador.
La científica documentó que 45 por ciento había sido comprado en el mercado de Sonora; de los restantes, un porcentaje fue comprado por las personas durante viajes por carretera hacia el sur del país, donde se toparon con vendedores al borde del camino. Otros más dijeron que los monos se los habían vendido traileros que venían de esa región con cargamentos de vegetales.
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