Cosa curiosa son los estados de ánimo nacionales, que durante el Mundial se hacen más visibles que nunca. Chile fue eliminado en octavos de final por Brasil, tres a cero. A pesar de que jugaron bien los chilenos, no lograron detener ni amenazar a la potencia brasileña. El arbitraje fue bueno y justo y el triunfo bien merecido.
Y si bien les dolió ser eliminados, los chilenos están más que felices, agradecidos y encantados con su selección y con el técnico, Marcelo Bielsa —hoy un héroe nacional. Están suplicando que no se vaya a otro país y le están ofreciendo todo para que se quede. Los seleccionados son vistos como ejemplo de vida para la juventud y están hechos unos ídolos. Fueron recibidos y condecorados por el presidente Piñera (a pesar de que él y Bielsa se detestan). Hay optimismo y alegría por su desempeño en el Mundial.
Mientras tanto, la Selección mexicana perdió 3-1 ante otra potencia futbolera, Argentina. El árbitro cometió un error garrafal al dejar pasar un gol que era fuera de lugar, lo que desconcentró por completo al equipo. Salieron, igual que Chile, en octavos. Pero el técnico, Javier Aguirre, es visto como un traidor, que lo hizo pésimo. La selección tenía buenos jugadores, pero no supieron hacer lo que tenían que hacer. Estamos todos decepcionados, convencidos de nuestra mediocridad perpetua, frustrados y nos sentimos engañados. Estamos enojados.
¿Por qué, si en sentido estricto nos fue muy parecido, están felices en Chile y mal en México? Hay matices obvios: Chile no había ido al mundial desde 1998, y no había ganado un sólo partido mundialista desde hace como ¡60 años! Así que sí, desde esa perspectiva les fue re bien.
Pero hay más que eso. Una reciente encuesta de Latinobarómetro reveló que justamente Brasil y Chile son los países que más confianza tienen en que están avanzando en la dirección correcta, con un 75% y 65%, respectivamente. Inclusive, un 83% de los chilenos también sostiene que ellos y sus familias van en la dirección correcta. Ochenta y tres por ciento.
Un dato llamativo es que los brasileños mantienen su optimismo ante el mundo (61% dice que va en la dirección correcta) sólo 43% de los chilenos opinan igual. Es decir, piensan que ellos van bien y el resto mal.
Su optimismo no es compartido por los mexicanos según la misma encuesta: únicamente 32% piensa que el país vaya en la dirección correcta, uno de los niveles más bajos de toda América Latina (son más pesimistas Honduras, Nicaragua y Argentina). Opinamos lo mismo del mundo entero: 34% de la gente piensa que va en la dirección correcta.
Latinobarómetro hace otra distinción interesante, pero ahora respecto a la izquierda y la derecha y su postura hacia a la globalización: “Es curioso que sean los que se ubican en la derecha los que más crean que el mundo va en la dirección correcta y los que se ubican en la izquierda creen lo mismo pero de su país. ¿Cree más la derecha en la globalización que la izquierda? La izquierda cree más en el país, y la derecha más en el mundo. Los hombres son más globalizados que las mujeres, y los ricos más que los pobres. Un perfil de globalización que denota el impacto de la discriminación y las desigualdades” dice el reporte.
Lo que me parece más importante de este asunto es que revela el estado de ánimo de toda una sociedad, tanto ante sus obsesiones —el fútbol— como sus perspectivas de futuro. No es en absoluto irrelevante que México esté deprimido y angustiado. No es casualidad tampoco: nos ha tocado muy pinche duro en los últimos años.
Pero ante la elección de mañana —y su previsible desenlace judicial en la mitad de los casos— vale la pena que cada mexicano haga una reflexión sobre lo que sí es rescatable de nuestras vidas y nuestra patria, y tratemos de combatir la propensión a la tristeza, que de nada nos sirve.
Quizá somos los ciudadanos quienes debemos dar el primer paso hacia la unidad nacional a la que llamó Calderón y que fue desestimada por el PRI. Debemos ser nosotros los primeros en cerrar filas contra la delincuencia y la corrupción.
Quizá debemos empezar nosotros a meter los goles que nos hacen falta y recobrar la ilusión. No estaría mal.
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