La pintura novohispana La Virgen de la Asunción regresó este miércoles 29 de julio a la comunidad de Izúcar de Matamoros, Puebla, luego de un largo proceso de restauración a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta).
En un ambiente de júbilo los pobladores de Izúcar recibieron a su Patrona, plasmada en un óleo del siglo XVIII que fue completamente restaurado de los severos daños que sufrió tras un intento de robo en 2006, y por el cual quedó literalmente hecho pedazos. La imagen llegó al pueblo justo a tiempo para presidir los festejos religiosos del próximo 15 de agosto.
La obra colonial, —de autor anónimo— que la comunidad poblana ya daba por perdida, fue entregada por Lilia Rivero Weber, titular de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, a Herminio López Camarillo y Pedro Hernández Muñoz, párroco y mayordomo de la comunidad, respectivamente.
Tras explicar la ardua labor que representó la reintegración de los 280 fragmentos de la capa pictórica desprendida, la restauradora Rivero Weber disipó la incertidumbre que prevalecía entre la población de que no fuera posible devolverle al cuadro su apariencia original.
“Agradezco la confianza de la comunidad y de las autoridades municipales depositada en el INAH, para que pudiéramos devolverle su esplendor a la Virgen de la Asunción, cuya labor implicó año y medio de trabajo de expertos”, comentó la funcionaria, luego de destacar la respuesta del Instituto a las solicitudes de las poblaciones para la conservación de su patrimonio cultural.
La especialista Cristina Noguera, quien encabezó los trabajos de restauración que tuvieron lugar en el Taller de Pintura de Caballete de la CNCPC, indicó que previamente a la colocación del óleo, conjuntamente con la población, se realizaron trabajos de limpieza y fumigación, así como del reforzamiento de la base del retablo al que corresponde.
De 1.80 x 2.0 metros, La Virgen de la Asunción se salvó del hurto en diciembre de 2006, luego de que ladrones, tras desprenderla de su bastidor y enrollarla, desistieron al ver que la capa pictórica comenzó a caer a pedazos de su soporte de lino y la dejaron en el piso.
Luego de que los mayordomos denunciaran el hecho, la restauradora Martha Tapia —también del INAH— realizó un dictamen sobre el estado de la obra, misma que fue “ingresada” al taller de la CNCPC.
La atención de la obra novohispana, que contó también con la participación de la restauradora Lucía de la Parra, inició tras haberse reunido todos los pedazos, cuyo armado se hizo por medio de vendoletas, y ya como unidad se adhirió a una nueva tela de lino.
“La incorporación a esta tela se realizó con base en una preparación de cera y resina. Esto, aparte de unir los pedazos de lienzo, le devuelve estabilidad a la capa pictórica. Posteriormente se limpió el barniz que estaba muy oxidado. El hollín y el polvo habían cubierto elementos como las manos de Dios Padre, las que no se distinguían por esta suciedad”, detalló Cristina Noguera.
Tras la limpieza superficial se usó un solvente no agresivo, es decir, que diluye el barniz sin alterar los pigmentos; y después se resanó con una pasta para proceder a la reintegración de la capa pictórica. Conforme las normas internacionales, estas labores se efectuaron con materiales reversibles.
Este óleo (que forma parte de un retablo lateral) posee dos capas pictóricas que fueron realizadas más o menos en un mismo periodo. Salvo algunos elementos, no hubo cambios en la iconografía de la pintura.
En la imagen, a la Virgen le acompañan —de arriba a abajo, y de izquierda a derecha—: Santo Domingo de Guzmán, Santo Tomás, San Pedro y San Pablo, y en su parte inferior hay una representación de la Última Cena.
vía: INAH
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